viernes, 26 de octubre de 2012

Morales dice que el Gobierno “nunca ha pensado” regular las redes sociales

Rubén D. Atahuichi López


El Gobierno “nunca” ha considerado la posibilidad de regular las redes sociales y, al contrario, va a tener paciencia ante los insultos que —como denunció el vicepresidente Álvaro García Linera— el presidente Evo Morales recibe a través de esa plataforma en internet.

“No, nunca la hemos pensado; sólo la prensa ha tergiversado”, respondió el Mandatario en una entrevista que el domingo 28 publicará La Razón en su suplemento Animal Político.
“Muchas cosas hemos leído, pero el Vicepresidente nunca ha dicho que hay que controlar o cerrar (las redes sociales); nos encanta informarnos (sobre lo) que dicen los opositores, que tienen libertad de opinar, aunque con tantos adjetivos, pero es parte de la democracia. Paciencia y paciencia ante tantas humillaciones en las redes sociales”, dijo Morales.
El domingo, en un acto público en el trópico de Cochabamba, García Linera dijo que toma nota de quienes insultan al Presidente del Estado. “Aquí tengo guardadito en el celular, cómo en las redes sociales, en el Facebook, en Internet, lo insultan al Presidente (…). Siempre estoy entrando a Internet y voy anotando con nombre y apellido a los que realizan insultos contra nuestro Presidente”, afirmó.
La declaración de la autoridad ha generado molestia en las comunidades virtuales y políticos de oposición, y algunos legisladores del Movimiento Al Socialismo (MAS) incluso han planteado la posibilidad de debatir una eventual regulación de Internet.

La versión EFE:

Morales asegura que "nunca" ha considerado controlar las redes sociales
  
   La Paz, 26 oct (EFE).- El presidente boliviano, Evo Morales,
afirmó que su Gobierno "nunca" ha pensado en controlar las redes
sociales y aseguró que "la prensa ha tergiversado" la preocupación
expresada por otras autoridades por los insultos contra el
mandatario en internet, informó hoy el diario La Razón.
   Morales hizo la declaración a ese matutino paceño en una
entrevista, que será publicada completa este domingo 28, pero que
fue adelantada hoy en su edición digital.
   "No, nunca la hemos pensado; sólo la prensa ha tergiversado",
aseguró Morales respecto a esa posibilidad planteada esta semana por
algunos parlamentarios oficialistas, luego de que el vicepresidente
Álvaro García Linera dijera que ha detectado a personas que usan las
redes sociales para insultar al gobernante.
   "Muchas cosas hemos leído, pero el vicepresidente nunca ha dicho
que hay que controlar o cerrar; nos encanta informarnos qué dicen
los opositores, que tienen libertad de opinar, aunque con tantos
adjetivos, pero es parte de la democracia", dijo el mandatario.
   Agregó que solamente tiene "paciencia y paciencia ante tantas
humillaciones en las redes sociales".
   El vicepresidente afirmó el domingo que "siempre" entra al
internet y que anota "con nombre y apellido los insultos" que hacen
a Morales, lo que, según dijo, le da "rabia".
   El jefe de los diputados oficialistas, Roberto Rojas, declaró
después que las personas que insultan a Morales en el Facebook
deberían ser denunciadas por "discriminación" y anunció que
retomarán una idea anterior para aprobar un proyecto de ley de
regulación de las redes sociales.
   Sin embargo, García Linera admitió hoy que "es imposible colocar
algún tipo de regulación" en las redes sociales, si bien resaltó la
importancia de que los usuarios tengan "ciertos principios éticos" y
sepan expresar y sus críticas "con altura y argumentos", evitando
los "adjetivos" y las ideas racistas o discriminatorias.
   "Las redes forman parte de una estructura planetaria inmaterial,
imposible de ser controlada, imposible de ser sancionada (...) ¿Cómo
se regula eso? Se habla, se dialoga, se convoca, no podemos hacer
más", afirmó el vicepresidente en rueda de prensa. EFE

lunes, 22 de octubre de 2012

Las incontrolables redes sociales

Rubén D. Atahuichi López


Fue por la red Twitter que Samuel Doria Medina insinuó que el presidente Evo Morales era padre de un/a niño/a con la hija adolescente de la ministra de Desarrollo Rural, Nemesia Achacollo. Uno se pregunta ingenuamente por qué el líder de Unidad Nacional (UN) tuvo que apelar a ese soporte de Internet para hacer lo que hizo. No fue casualidad…
Podía —tranquilamente— llamar a conferencia de prensa y, de cara a la opinión pública y ante los medios de información, denunciar (si es que hacerlo, meterse en la vida privada de otras personas, corresponde) lo que hizo correr como rumor. Lo hizo y, en charla con un periodista, el rumor alcanzó en segundos ribetes de escándalo en la red.
Como lo que hizo Doria Medina hay muchos ejemplos. Políticos, gente de a pie o periodistas usan esas herramientas para expresar sus sentimientos o sus ideas, muchas de éstas últimas con ingenio y otras, simplemente toscas o injuriosas. Cuando se descubrió la supuesta carga de uranio en La Paz, a alguien se le ocurrió mostrar al ministro de Gobierno, Carlos Romero, como Jabba el Hutt, monstruo de ficción de la saga de Star Wars, con el texto “el uranio no hace daño”; mientras era presidenta interina, Gabriela Montaño fue comparada con Excelsa, la empleada en la Familia Peluche; y desde hace una semana, luego de las declaraciones de Morales sobre las relaciones con Estados Unidos, un conocido personaje paceño lo llama “#Emocaca” (usando el hashtag quizás uno sepa quién es).
Así, miles de ejemplos, y diariamente…
Se me ocurrió escribir esto a raíz de las declaraciones del vicepresidente Álvaro García Linera, que el domingo dijo que toma nota de quiénes insultan al Presidente del Estado en las redes sociales. “Aquí tengo guardadito en el celular, cómo en las redes sociales, en el Facebook, en Internet, lo insultan al Presidente (…). Siempre estoy entrando a Internet y voy anotando con nombre y apellido a los que realizan insultos contra nuestro Presidente”.
Si es que es así, el segundo hombre del país no debe tener ni tiempo ni espacio para hacer ese trabajito. Es que Morales tiene cada detractor en Twitter o Facebook, que la lista es interminable, desde políticos que lo tildan de “dictador” o “autoritario”, gente que no le baja de “burro” o “indio”, o periodistas despojados de su personalidad profesional “imparcial”. Claro, los menos,  críticos con razón y sin insultos como arma de discrepancias.
Son tan libres esas plataformas, que sólo los fundamentalistas se atreverían a controlarlas, como parece que los hay en algunas esferas políticas. Claro, si bien García Linera dijo que anota esos comentarios, algunos políticos del partido de gobierno comenzaron a hablar de una ley que regule el uso de Internet en el país, que —seguro— va a generar mucha polémica.
Menudo problema en el que acaba de meterse el Vicepresidente. Ni bien dijo lo que dijo, en las redes sociales proliferaron opiniones, cuestionamientos y otros insultos, esta vez contra él.
Si bien hay necesidad de precautelar el uso de Internet, lo que hay que hacer —con norma o sin norma— es evitar que ese soporte tecnológico desvirtúe el verdadero sentido de la libertad de expresión.
Incontrolables las redes sociales, me quedo con la frase de @EnriqueIpia (Enrique Ipiña Melgar, exministro de Educación), que ayer dijo en el Twitter: “#insultos. Lamentable que se amenace a los que insultan. Pero mucho más que haya quien recurre al insulto. Es cobardía, bajeza, indignidad”.

Entre la abuela y las relaciones que apestan

Rubén D. Atahuichi López
A estas alturas de la historia plurinacional, ya se han hecho tratados sobre los dichos del presidente Evo Morales, aunque algunos sólo se hayan dedicado a hacer simples recopilaciones de lo que “normalmente” suele decir éste.
El viernes 12, en un acto en ocasión del Día de la Descolonización (si España no colonizaba a nuestros ancestros del Abya Yala, seguro que no había tal fecha, menos un desliz presidencial), la autoridad dijo sin eufemismos, contrariamente al “lenguaje diplomático”, lo que muchos mortales criollos creen de Estados Unidos. “(...) El que tenía relaciones con la Embajada de Estados Unidos (era) así como admirado; ahora —perdonen la expresión— tener relación con la Embajada de Estados Unidos es como una caca”. Tal cual. Ha debido ser tal la bronca de Morales, que al día siguiente se justificó diciendo que Estados Unidos pretendió tenderle una trampa y vincularlo con el narcotráfico. O sea, quisieron...
Quizás sean las formas las que le diferencien —ya en otro tema— de su par chileno Sebastián Piñera, quien se mandó una pachotada verbal (por decirlo menos) cuando dijo que su país defenderá su territorio “con toda la fuerza del mundo”, en una alusión innecesaria a la demanda marítima boliviana. Pero buena respuesta tuvo aquél de parte del expresidente de Bolivia Jorge Quiroga. “Usen la fuerza con su abuela, que con Bolivia no la van a usar”. Sólo le faltó el “carajo” para ser más patriotero que el mismo Eduardo Abaroa.
Sin embargo, el patriotismo suele pintarse de ignorancia en casos como el del candidato a la Alcaldía de Santiago de Chile Waldo Mora. “Bolivia busca reivindicaciones marítimas solamente para sacar droga”, dijo el hombre. Como si nos bastara eso... Hace dos semanas, el canciller trasandino, Alfredo Moreno, desnudó su soberbia al afirmar que “Bolivia carece de un derecho para reclamar una salida soberana al mar”.
La diferencia entre una y otra frase en este breve recuento es que algunas son “diplomáticas”, otras son torpes y una es burda y todos los sinónimos posibles, aunque cierta. De todos modos, el lenguaje diplomático siempre suele estar lleno de eufemismos o hipocresías.
No obstante, y como dicen, aunque Diosito se empute, son malas palabras, e igual todos la c...

‘Goni nunca dijo que iba a vender gas por Chile’

Carlos Mesa - Cinco días antes de la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, su vicepresidente, Carlos Mesa Gisbert, le había quitado respaldo, con lo que aquél comenzó a perder fuerza política durante la crisis de  octubre.
Rubén D. Atahuichi López 
21 de octubre de 2012
A nueve años de la masacre de octubre, en la que murieron al menos 67 personas ante la represión de las Fuerzas Armadas en el campo, El Alto y La Paz, el exmandatario considera que el juicio contra Gonzalo Sánchez de Lozada está sustentado de manera equivocada. Plantear el caso   como delito de genocidio “es un error jurídico” grave. “La palabra genocidio es terrible, brutal, y expresa la decisión consciente de alguien de aniquilar a una comunidad étnica”, argumenta.
Tiene en la memoria casi en detalle lo que pasó en octubre de 2003, cuando sustituyó en el mando del país a Gonzalo Sánchez de Lozada, que el 17 de octubre de 2003 renunció y luego huyó a Estados Unidos. A nueve años de esos sucesos, aclara que su predecesor “nunca dijo que pensaba vender gas por Chile”. Carlos Mesa Gisbert cuenta episodios de aquellos fatídicos días.
En el recuento de esos pasajes de la historia, dice que ese 17 de octubre fue para él “el día más importante” de su vida. “Tuve que asumir una responsabilidad, la mayor en un país,   la de primer servidor público, en un momento tremendamente difícil, quizás uno de los más difíciles de nuestra historia republicana”.
Entonces el país se sumergía en una crisis social y política que, en el afán de ser resuelta, terminó con al menos 67 muertos, todos ellos por la represión de las Fuerzas Armadas a las protestas sociales. Mesa Gisbert considera que esos hechos tuvieron su antecedente en otra crisis, la del 12 y 13 de febrero de ese año, cuando en un refriega militar-policial, originada por el intento gubernamental de un impuesto al salario, murió una treintena de personas en La Paz.
Con esa referencia, el entonces vicepresidente expresó sus reparos a la gestión de Sánchez de Lozada en al menos tres asuntos: la incidencia del ministro Carlos Sánchez Berzaín (que luego de ser alejado en febrero volvió al gabinete en agosto), el uso de soldados en una producción privada de macororó atribuible al ministro Freddy Teodovich y el boicot del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el partido gobernante, a la reelección de Ana María Romero de Campero como Defensora del Pueblo.
Pero la crisis de septiembre y octubre de 2003 decantó en la ruptura definitiva entre Mesa Gisbert y Sánchez de Lozada. Ambos se habían reunido el 12 de octubre, cuando el vicepresidente propuso al presidente atender las demandas sociales, que implicaba “descolocar el país”: Era “aceptar una consulta sobre la posibilidad de un referéndum o, por lo menos, una consulta no vinculante sobre la venta del gas a Chile”.
Al respecto, aclara: “Hay una ironía: Sánchez de Lozada nunca dijo públicamente, siendo presidente, que pensaba vender gas a Chile. Yo no niego que ésa fuera su intención, pero jamás lo expresó. Quien hizo la negociación fue el presidente (Jorge) Quiroga, propuesta por el presidente (Ricardo) Lagos (de Chile), pero públicamente Sánchez de Lozada jamás dijo directa ni indirectamente que el Gobierno tenía intenciones de vender gas a Chile”.
Fue el día en que espetó una frase crucial, hasta premonitoria, al presidente de la República: “Los muertos te van a enterrar”. Y eso sucedió. Una segunda reunión frustrada  en la noche acabó convenciendo a Mesa Gisbert de que, con el saldo trágico de la represión, no tenía cabida en el Gobierno más que su responsabilidad de asumir sus funciones como mandaba la Constitución.
Al día siguiente, su equipo se enteró de la decisión y analizó la situación. Pero Sánchez de Lozada mandó a su secretario, Manuel Suárez, a decirle que suba al Palacio de Gobierno. “Me dijo que, por lo menos, suba Pepe (José Galindo); le dije que no, porque significa que la Vicepresidencia no va a continuar con el Gobierno. Inmediatamente después convoqué a la conferencia de prensa”, rememora Mesa Gisbert.
— Ese 13 de octubre, ¿más o menos configuró una eventual acción tras, insisto, una eventual renuncia del presidente?
— No, porque yo tenía un convencimiento: él es un hombre muy testarudo, no va a ceder; tarde o temprano iba a terminar con la renuncia o su salida. Pero incluso pensé en si el presidente no estaba dispuesto a inmolarse en la lógica que él se planteaba y, segundo, de verdad yo no creí que eso iba a ocurrir tan rápidamente. Ocurrió el viernes; renunció ese día. Mentalmente, yo tenía un rechazo a la idea de empezar a pensar en la presidencia, porque tenía la convicción de que eso iba a desviar lo esencial de mi posición: cuando empiezas a pensar en el poder, éste se convierte en un factor que distorsiona tu razonamiento.
Obviamente, hoy no pensaría igual. Yo no reflexioné en profundidad sobre un equipo de gobierno y todo eso, sino inmediatamente después de jurar. Cuando realmente empecé a pensar como presidente fue cuando Manfred Reyes Villa, a las 10.00 del viernes 17, expresó que rompía con el Gobierno y cuando las Fuerzas Armadas le dijeron al Mandatario que ya no estaban dispuestas a seguir reprimiendo, después de que llegaron los mineros a Patacamaya.
— ¿Cómo amaneció ese 17?
— Con la idea de que la situación no estaba resuelta, de que el presidente iba a mantener su posición. El primer signo de que esto ya no tenía remedio fue la reunión que me pidieron en mi casa Marco Aurelio García (representante de Luiz Inácio Lula da Silva) y el representante del mandatario Néstor Kirchner (Eduardo Sguiglia). Ahí me di cuenta; ellos me plantearon de manera indirecta que la única salida posible que veían era la renuncia de Sánchez de Lozada. Yo ya había tenido una reunión muy dura con el embajador David Greenle (entonces embajador de Estados Unidos) el jueves en la noche.
— Fue cuando le preguntaron si tenía valor para matar...
— No, eso fue el 16. Me lo preguntó Andrés Rojas y eso hizo que yo diera un mensaje a la nación. A raíz de la pregunta llamé a Mario Espinoza y le dije que quería hacer un mensaje a la nación porque me parecía insólita (la pregunta), una provocación, porque marcaba una duda sobre mi posición en el tema. Ahí dije que no estoy dispuesto a matar.
En la noche tuve una reunión con Greenle. Básicamente planteaba dos cosas: uno, mi deber democrático; le  dije “el deber democrático lo define Bolivia, no Estados Unidos”; y, dos, Estados Unidos no va a respaldar al gobierno que salga tras la renuncia de Sánchez de Lozada. Le dije “Estados Unidos puede hacer lo que le parezca conveniente y prudente, y sabrá si quiere respaldar o no al nuevo gobierno democrático; yo simplemente soy el vicepresidente constitucional de Bolivia y si me toca ser presidente lo seré con o sin el apoyo de Estados Unidos”.
Me pareció insólito que el embajador (me condicione). Obviamente, la conversación entró en un tono duro en ese momento. Luego yo le dije “un país que tiene la doble moral como Estados Unidos no va a venir a decirme lo que tiene (sic) que hacer”.
— ¿El desplante no tuvo consecuencias?
— No. Al contrario, yo me enteré de la renuncia del presidente minutos antes de que me llamara la jefa de gabinete, María Paula Muñoz. Diez minutos antes me llamó Peter de Shazo, representante del Departamento de Estado, desde Washington; me dijo: “Señor vicepresidente, queremos decirle que nos hemos enterado de que el señor Sánchez de Lozada ha decidido renunciar”. Yo le dije “me está diciendo algo de lo que yo no estoy al tanto”. Habíamos tenido una relación muy fría, porque ya me llamó el martes (14) el señor De Shazo para decirme lo mismo que me dijo Greenle el jueves (16).
— Tanta injerencia para que desde Estados Unidos lo sepan antes de que en Bolivia...
— ¿Cómo se enteraron? ¿Por qué? No te lo puedo decir; lo único que sé es que me enteré a través de De Shazo de que el presidente había decidido renunciar. Me dijo “quiero decirle que el Gobierno de Estados Unidos va a respaldar plenamente al Gobierno constitucional de Bolivia que le corresponde a usted como vicepresidente y sepa que usted contará con todo nuestro respaldo”.
Luego, Greenle, por cierto, se portó muy bien como embajador; pero ése es otro tema. Ahí hubo una decisión de Estado de Estados Unidos, no asé en la misión militar; mi opinión es que la misión militar de Estados Unidos estuvo absolutamente involucrada en la desestabilización de mi gobierno, sobre todo en la línea del propio parlamento, del propio expresidente y de Santa Cruz.
— ¿Al final dependían del Gobierno estadounidense?
— Exactamente, pero curiosamente, yo creo que habían dos líneas en la embajada americana: una línea de halcones y otra de palomas, típica de los americanos. Pero lo de De Shazo me pareció insólito después de la presión que ejerció Estados Unidos sobre mí. Luego, claro, país pragmático.
— ¿Se sintió respaldado con esa comunicación?
— No, me era absolutamente indistinto. Yo pensaba en ese momento que había una legalidad y una legitimidad, y yo tenía las dos. Yo no tenía ninguna duda de que Estados Unidos o cualquier otro país tenían que rendirse ante la evidencia, pero probablemente era un pensamiento subjetivo, sin la experiencia de saber lo que representó Estados Unidos directamente, de la influencia directa y fuerte que tuvo sobre Bolivia.

Perfil
Nombre: Carlos Diego Mesa Gisbert
Nació: 12-08-1953
Profesión: Periodista
Ocupación: Consultor y fue Presidente de la República (2003-2005)

Ni olvido
¿Cómo acuñó el ‘ni olvido ni venganza, justicia’? “La frase surgió la mañana del 18 de octubre, en la pasarela de El Alto. Me di cuenta de que la gente estaba muy enardecida, de que quería venganza en el sentido claro de la palabra”.

Greenle me avisó que supo que quisieron matar a Evo 

Carlos Mesa Gisbert admite que, luego del impasse que tuvo con el embajador estadounidense David Greenle, éste se portó bien, aunque cuenta también que el diplomático siempre le cuestionó su relación con el entonces diputado Evo Morales.
Considera que el representante estaba molesto por el acuerdo que el Gobierno de entonces firmó con los cocaleros. “Llegamos al acuerdo del cato de coca por familia y ese acuerdo lo firmé sin absolutamente ningún tipo de consulta con la Embajada de Estados Unidos ni de intercambio de criterios con ese país”.
Sin embargo, Mesa Gisbert cuenta que hubo un cambio de actitud de parte de Estados Unidos. “Hubo un giro, porque me dio la impresión de que Estados Unidos y que Greenle en particular se dieron cuenta de que habían jalado la pita demasiado. Es decir, en gran medida son responsables de la debacle que vivió la democracia boliviana en 2003”.
— ¿Y Sánchez de Lozada?
— No, por supuesto; pero me estás preguntando sobre Estados Unidos. Cuando yo era vicepresidente, Greenle vino a decirme que hubo  un intento de asesinato contra el hoy Presidente, que ellos sabían de una conspiración para asesinar a Evo Morales, y yo le dije: “Embajador, ¿por qué no se lo dice directamente a Evo Morales? ¿Por qué me viene a contar a mí?”. En marzo de 2003, poco después de febrero, Greenle marcó una cita y vino a hablar conmigo y me dijo “el Servicio de Inteligencia de Estados Unidos sabe que hay un intento, hay una conspiración, para asesinar al diputado Morales”. Yo le dije (a Greenle): ‘¿Por qué no se lo dice a Morales?’ Entonces Greenle me respondió: “Como usted sabe, el señor Morales es una persona vinculada con la producción de coca ilegal y vinculada con acciones que tienen que ver con la seguridad de Estados Unidos y, por lo tanto, mi país no tiene diálogo con el señor. Pero yo tengo la obligación de hacerle saber a esta persona que, (a través de cierta ley) si una figura política puede ser asesinada en cualquier parte del mundo, estamos obligados a decírselo; entonces le ruego que se lo comunique”.
Al día siguiente yo llamé a Morales y le dije “ésta es la situación, le ruego por favor que mantengamos esto en reserva”. El señor Morales me metió en el baile diciendo que yo era parte de la (conspiración) y me obligó a sacar un comunicado. En fin...

Esta entrevista fue publicada el domingo 21 de octubre en el suplemento Animal Político de La Razón

lunes, 24 de octubre de 2011

Rada: ‘El modelo de economía plural es un error’

Rubén D. Atahuichi López

Alfredo Rada - Alejado de la administración pública, el exministro de Gobierno plantea una serie de cuestionamientos al Ejecutivo, del que, sin embargo, dice que no está alejado, ni de lo que se llama el ‘proceso de cambio’.
El Presidente del Estado, como también lo hizo con Sacha Llorenti, agradeció la colaboración que recibió de su primer Ministro de Gobierno. A casi dos años de su salida del Ejecutivo, Alfredo Rada considera que el proceso de cambio requiere de rectificaciones necesarias. “Estamos entrando a un momento en el que se va a deteriorar la situación económica por los impactos en Bolivia de la crisis internacional del capitalismo; Europa está en recesión, Estados Unidos también”.

Cuando se le pregunta si está más cerca o lejos del Gobierno, es contundente: “No estoy lejos del Gobierno, estoy cerca y dentro del proceso de cambio; sigo considerando que el Ejecutivo puede rectificar algunos errores que se cometieron especialmente en los dos últimos años”.
Es Alfredo Rada, uno de los ministros clave del que Evo Morales llamó “gabinete histórico”. Ocupado ahora en la formación de cuadros políticos, el sociólogo y economista analiza la situación del Gobierno y del Movimiento Al Socialismo (MAS).
Dos elementos de su discurso llaman la atención: su cuestionamiento a ciertos colaboradores y políticas de Morales, y al avance del modelo económico. En esto último, apunta a la “economía plural”, que en su criterio no tiene razón de existir. Tendrá algo que decir el ministro de Economía y Finanzas, Luis Arce Catacora.
— ¿Los llunk’us del Gobierno?
— Aquéllos (aduladores) que se callan sabiendo que hay errores que se cometen, que no dicen con claridad las cosas y que quieren hacer pasar por victorias lo que en realidad son derrotas. En realidad, son los grandes organizadores de derrotas.
— ¿Sacha Llorenti?
— No, no voy a decir nombres, no es necesario. El llunk’erío está en distintos niveles, no solamente en los ministerios o las reparticiones; es una mentalidad como el burocratismo.
Hay que diferenciar la militancia leal y consecuente con este proceso, que fundamentalmente pasa por decir las verdades. La verdad es revolucionaria y aquél que quiere ocultar o maquillar las cosas no nos sirve.
Si algún mérito tuvimos en su momento fue que, junto con muchos en el Gobierno, decíamos la verdad.
— ¿A qué llama derrota?
— Por ejemplo, lo que ocurrió con la movilización por el TIPNIS, que fue mal valorada desde el principio y que llevó a que un conflicto pequeñito crezca y se convierta en un problema grande, que de lo local pase a lo nacional, que se llevó por delante un ministro (Llorenti) y nos generó una crisis política. Eso puede calificarse como derrota.
— ¿No fue error que el Presidente pida a los cocaleros “conquistar” a las mujeres yuracarés para encaminar el proyecto o decir “sí o sí va la carretera”?
— El Presidente tiene un estilo franco y directo de hablar, eso ha sido bien valorado por grandes segmentos de la población, que vieron en ese lenguaje una manera diferente en relación a la acartonada de los políticos tradicionales. Pero, en esto se ha incurrido en excesos verbales que, por supuesto, hay que evitarlos. Sin embargo, yo noto una actitud de Evo –en la plaza Villarroel lo dijo— cuando señaló “cometemos errores, hay que saber reconocerlos”. Yo agregaría: no es suficiente reconocerlos, sino rectificarlos o enmendarlos.
Más que esos detalles anecdóticos, que pueden tener importancia en su momento, esto de las formas que utilicemos al hablar o algunas frases no correctas, más me preocupa que cometamos errores programáticos e ideológicos. Cuando hablamos de rectificación de errores, hablamos no solamente de la manera cómo se encaran éstos, sino de saber dar un norte claro a este proceso, es decir, de determinar con claridad ante el pueblo hacia dónde estamos yendo, qué es lo que estamos construyendo…
— ¿Qué errores?
— No avanzamos lo suficiente en la construcción de un modelo económico. Es que lo fundamental son las transformaciones económico-estructurales.
No se ha avanzado en la construcción de un modelo social-comunitario, que es lo que plantea la Constitución; no la economía plural. Hay algunos sectores conservadores en el Ejecutivo que acuden a ese concepto (que fue presentado por un constituyente empresario de derecha) que no es nuestro ni de los movimientos sociales. Ése es un error.
— En esto tiene que ver el ministro Luis Arce.
— Él sacó una publicación y la distribuyó en un medio de circulación nacional, que titula Economía plural.
— ¿Será uno de los llunk’us?
— No, no voy a decir nombres, pero puedo decirle que no estoy de acuerdo con la conducción económica de Luis Arce desde su ministerio. Una de las cosas que hay que rectificar es nombrar a economistas revolucionarios dentro del gabinete, fundamentalmente en las áreas de economía y finanzas públicas.
Es decir, no solamente hay que hacer algunos ajustes políticos, mejorar la relación y la interlocución con los sectores sociales con los que hemos tenido conflictos en estos dos años (la Central Obrera Boliviana, Caranavi, Potosí, CIDOB, Conamaq) o recuperar esas organizaciones.
— ¿Más errores?
— Las elecciones judiciales del 16 de octubre. Yo creo en la reforma judicial por la vía del voto, que es fundamental para mejorar la justicia que castiga a los pobres y beneficia a los ricos, además de acumular una serie de problemas estructurales (corrupción o retardación de justicia).
Hay que admitir que la manera cómo se llevó eso, al parecer, no logró apoyo pleno de la ciudadanía, especialmente en las ciudades. El Gobierno esperaba más de esa elección, un mayor respaldo, pero estoy seguro también que la oposición de derechas esperaba más. Es decir, no solamente la cantidad de votos nulos en algunos departamentos fue superior a la de los válidos.
— ¿Qué pasó?
— La movilización del 12 de octubre de las bases sociales que apoyan este proceso salvó la cosa, impulsó una votación masiva en las áreas rurales, en los centros mineros o en algunos barrios populares de las ciudades, que ha permitido, pese a las dificultades y errores en este proceso, evitar poner en riesgo la conformación de esos tribunales.
Se van a posesionar los magistrados en enero del 2012, pero hubo un costo político que también tiene que ver con otras cosas, como el gasolinazo, el “Yucumazo” (la represión en Yucumo) y el “chutazo” (la importación por ley de autos usados).
Hacia adelante hay que sacar lecciones de esto y evitar cometer nuevos errores que nos puedan llevar a mayor desgaste.
— Hace un año nos decía que el Gobierno vivía en una burbuja. ¿Piensa lo mismo?
— Hubo un peligroso distanciamiento con los sectores sociales que hizo que nos confrontemos con los hermanos de Caranavi, de Potosí, de la COB, de la CIDOB y Conamaq, en este conflicto por el TIPNIS. Hay que recuperar esos sectores.
El planteamiento de nueva agenda del Presidente (12 de octubre) puede ser una oportunidad, para que en una cumbre se pueda recuperar a esos sectores sociales. Confío en que de la cumbre de diciembre pueda salir una rectificación de este proceso, a partir del cual contar con una agenda, no cualquiera, de profundización de los cambios estructurales.
No estamos en el Gobierno para confrontarnos con sectores sociales afines, sino para afectar al gran capital transnacional como, por ejemplo, la minería o la burguesía intermediaria de los bancos que está logrando ganancias extraordinarias y a la que hasta ahora no se ha tocado.
— ¿Acaso no plantea la crisis por el TIPNIS una nueva agenda?
— Uno de los errores, la valoración política de la marcha, es que se consideró que estaba dirigida a derrocar al Gobierno. Eso no es así; son compañeros que se han movilizado en defensa de legítimos intereses.
Por supuesto que no faltarán los derechistas y opositores que quieran pescar en río revuelto. ¿Pero de quién es la culpa de que el río esté revuelto? Nosotros hemos revuelto el río.
Puede ser que esta movilización, una vez que se resuelva el problema puntual que la generó (la carretera), vaya a contribuir a esa rectificación (del proceso) que se demanda. Dudo que haya en esa movilización enemigos del proceso y del Gobierno.
— ¿Era necesario el desplazamiento de policías a Yucumo, con la consecuencia que conocemos?
— Puede haber contradicciones dentro de un proceso de transformaciones revolucionario, pero hay que saber diferenciar cuando esas contradicciones son entre sectores afines al proceso. No cabía ni siquiera pensar en la utilización de la fuerza pública para resolver un conflicto con un sector afín, como son los indígenas de tierras bajas. No cabía, eso no es de revolucionarios.
Había que hacer todos los esfuerzos por resolverlo con diálogo, sin confrontaciones. En algún momento se optó por el uso de la fuerza pública, lo cual me parece que fue un error estratégico que ha tenido un costo político que se expresó en las elecciones del domingo (y un ministro tuvo que irse) y es que ha polarizado las posiciones, ha generado resentimientos y distanciamientos, que ojalá puedan resolverse.

El caso Rózsa sí existió y el video puede ser un montaje

— ¿Cuán real fue el caso Rózsa?
— Totalmente, totalmente. Fue un caso que cuenta con abundante información que cursa en las investigaciones a cargo del Ministerio Público; hay una audiencia conclusiva en Cochabamba que dará paso al inicio del juicio oral.
Se ha abierto un segundo proceso, Terrorismo II, a cargo del exministro Llorenti, que investigará la infraestructura financiera de respaldo a ese proyecto separatista y terrorista. Confío en que se llegará al fondo del asunto y mostrará al país que fue cierto ese caso, que puso en riesgo la unidad del país.
— Ignacio Villa, El Viejo, denunció que el fiscal (Marcelo Soza) le pidió sembrar pruebas.
— Es una pregunta que hay que hacerle al fiscal Soza, que anunció un juicio por difamación. Es natural que en una instancia que precede al juicio oral, alguno de los acusados intente todo para justificar su actitud; no me extraña.
¿Qué más podemos decir de lo que dijimos?
— Pero han surgido otros elementos, como la entrega de dinero a El Viejo para salir del país… ¿Supo de eso?
— Ese caso ni llegó a la fase de acusación contra aquellas personas que, desde mi punto de vista, de manera injusta habían sido acusadas.
— ¿Se refiere a Carlos Núñez del Prado?
— No, me refiero a las personas que están ahí, que algunos medios de comunicación dijeron. Resulta que luego pasa el tiempo y esas personas, en justicia, son exoneradas.
— Hay un video, ¿fue montado?
— No he descartado la posibilidad de que sí pudiera ser un montaje. En algún momento dije en un artículo que se publicó en un medio, que podía tratarse de una especie de montaje o algo así. No soy ni perito ni juez ni fiscal ni nada.
— ¿Hay gente vinculada que anda libre?
— Claro, Branko Marinkovic, Guido Nayar y otros fuera del país.
— ¿Aquí en Bolivia?
— No lo sé. Tómese en cuenta que he dejado de ser ministro de Gobierno hace casi dos años, corresponde a otras autoridades el seguimiento de estos casos.
Cuando nos tocó cumplir con la defensa de la integridad de la patria y la preservación de la vida del Presidente y del Vicepresidente, lo hicimos. Había intento de magnicidio (en el lago Titicaca).

Entrevista publicada en La Razón

miércoles, 12 de octubre de 2011

Voto disperso, voto escaso, voto político

Rubén D. Atahuichi López
A las 20.00 del domingo, cuando se emitan por la televisión los resultados en boca de urna, ninguno de los 115 candidatos a los 56 cargos del Órgano Judicial habrá conseguido una votación importante. Me animo a pensar que ese respaldo popular no pasará el 10%, ¡y eso es mucho!
Según la Constitución Política del Estado (CPE), cada uno de los magistrados será elegido con “mayoría simple de votos”, lo que quiere decir que no importará porcentaje alguno, por más mínimo que sea, para conformar uno de los cuatro poderes del Estado Plurinacional.
Así de previsible está la cosa. Hasta el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Wilfredo Ovando, lo sabe. “La ley es sabia al establecer que los ganadores no tienen que ganar con el 50% más uno (de votos), sino por mayoría simple”, me dijo en una entrevista.
Además, aseguró que es “posible que el voto se disperse”. Claro que se dispersará el voto, no es una posibilidad solamente. Los 5.243.375 electores habilitados para el domingo no van a concentrar su voto en sólo algunos de los postulantes, a no ser que ocurra lo que se presume: voto consigna, con la ayuda de los números en la papeleta.
Sin embargo, hay muchas razones para comprender esa eventual situación.
Antes que nada, lo más seguro es que al día siguiente de los comicios Juan del Granado, Samuel Doria Medina y Evo Morales saquen rédito de la votación. Es posible que la abstención, la cantidad de votos nulos y blancos sean el argumento cabal para los primeros, y para el Presidente del Estado, la participación ciudadana.
Así, estoy seguro que ese día el discurso político será: “el pueblo nos dio la razón, no quería candidatos del Gobierno” o “el pueblo nos respaldó una vez más, apoyó la reforma judicial con su voto”. Ya verán que así será, cada uno buscará sumar a sus intenciones políticas el voto del 16 de octubre que no fue pensado para un fin político-partidario.
Como no debía ser, las elecciones en puertas han tenido una incidencia política a pesar de las prohibiciones establecidas en la CPE y que el TSE no pudo evitarla. Eso contribuyó –en mi criterio— a desviar la atención de los electores en los candidatos.
Los tres sujetos políticos, particularmente, instalaron un plebiscito de facto, que tendrá efecto en los resultados. Si Del Granado propone No, Doria Medina impulsa el voto nulo y Morales se desgañita por el Sí, el efecto será la confusión: no hay casilla para el Sí ni para el No, lo que implica que una decisión por cualquiera de esas posibilidades será nomás voto nulo.
Además, la campaña de difusión de méritos ha sido escasa, por lo que es también posible que los electores no sepan por quién votar y marquen por cualquiera de los candidatos. O, al contrario, habiéndolos conocido, diversifiquen su decisión en una gama de elegidos.
A eso ha que añadirle la poca comprensión pública del proceso, las dudas sobre la forma de votación y las características complicadas de la papeleta de votación (la forma de escrutinio también produce dudas).
Es que, por la particularidad de los comicios, los candidatos no pudieron por sí solos presentarse a los ciudadanos, a diferencia de votaciones anteriores, en las que los ciudadanos sabían por quién votar.
Pero, ante todo, la polémica que caracteriza aún los días previos al 16 de octubre ha descontentado a muchos, lo que puede incidir en el interés real en el sentido de la conformación de las cuatro instituciones del Órgano Judicial a través del voto popular.
Y si al TSE le interesa la legalidad y no la legitimidad, como lo admitió Ovando, estamos fritos. La cosa se complica. Ya lo veremos...

Artículo publicado en La Razón

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Presidente, renuncie... al mal

El 18 de diciembre del 2005, cuando Evo Morales ganó las elecciones con el 53,7%, apenas hablaba de los indígenas; su discurso estaba centrado en defensa de los derechos de los cocaleros, de cuyos sindicatos emergió políticamente. No sé si en las últimas semanas de la votación, o antes, se dio cuenta de que su candidatura representaba a ese sector históricamente vilipendiado e ignorado. Ayudado por su condición social, días después de saberse Presidente de la República, el dirigente cocalero se mostró ante el mundo como “presidente indígena” (su colega Hugo Chávez lo aludió de “indio”) y “encantó” en el mundo y el país a medios, activistas y políticos progresistas, que no dejaron de referirse a él como el paladín de la defensa de los derechos indígenas (y de la Madre Tierra, más tarde).

Desde entonces han pasado muchas cosas, por lo menos con relación al interés de los indígenas. La Asamblea Constituyente no terminó de construir una Constitución Política del Estado integradora (aunque de indígena tiene mucho), las autonomías indígenas no son tales (no existe real reconstitución territorial ni restitución de la autoridad ancestral) y los más elementales derechos indígenas —la consulta previa, la tierra, el territorio, en suma, el suma qamaña— han sido omitidos sistemáticamente.

La defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), reprimida con violencia el domingo y con un saldo de víctimas todavía en confusión, ha terminado de desnudar el verdadero interés del Gobierno en respaldarse del movimiento cocalero-campesino (ahora “intercultural”) en desmedro del indígena-originario (sectores no cooptados por el sindicato de los 50).

Así, surgen algunas causas lógicas para comprender este estado de situación, sin apasionamientos en discusiones técnicas como la nacionalización, o la verdadera construcción de plurinacionalidad, sino en la lectura de actitudes.

Con mucha insistencia, desde sectores afines y disidentes al Gobierno (Del Granado, Almaraz o Prada, cada uno con sus intereses particulares), se ha dicho en los últimos meses que el “proceso” necesita de un cambio, un reencauce necesario si es que no quiere perecer en el intento. Ese proceso sufre fisuras, aunque son reversibles en la medida de una lectura sensata de la realidad cuyo ejercicio debería hacerlo el mismo Presidente, para empezar. No es sensato decir que aquél es como los anteriores, pero incurre en muchos desaciertos.

Ya son más de cinco años de Gobierno. A estas alturas, Morales no termina su catarsis contra los regímenes pasados o la “oligarquía” y, por tanto, permanentemente alimenta un clima de confrontación con sus adversarios. Es soberbio; no es humilde. Cierto entorno suyo no le muestra la realidad. No todos quienes votaron por él, y por su gestión, apoyan sus políticas. Así, ese 63% de votos del 2009 no es el mismo ahora en septiembre del 2011.

No es concertador. La mayoría de las leyes pasaron por la Asamblea Legislativa sin siquiera el consentimiento pleno de la ciudadanía y la oposición (ésta tampoco es propositiva), sino en medio de protestas y conflictos. Es torpe; decenas de sus frases han lastimado sentimientos y ocasionado conflictos.

Es más cocalero que indígena. Villa Tunari y el Chapare, el bastión cocalero, ha recibido más obras y privilegios (plantas industriales, unidades militares, aeropuerto, campos deportivos y ahora la polémica carretera hacia San Ignacio de Moxos). Al contrario, los indígenas, palo y poco de su atención. Y es más…

Si el Presidente renunciara a esos males, quizás sería otra la historia.

Publicado en La Razón