Rubén D. Atahuichi López
Estas últimas semanas, el país masculla el debate que políticos de izquierda y derecha, y los medios de información, hacen sobre las elecciones judiciales, que, si no existe mayor inconveniente, se desarrollarán en octubre de este año.
Al margen de las cuestionadas restricciones a las libertades de expresión, de prensa y de información planteadas para esos comicios, la discusión se ha centrado en el supuesto afán del Movimiento Al Socialismo (MAS) de pretender copar “ahora” el Órgano Judicial Plurinacional a través de esa votación.
Es que los bolivianos elegirán a 56 magistrados de una lista de 125 postulantes previamente validada en la Asamblea Legislativa Plurinacional, en la que el MAS tiene más de dos tercios de votos. ¿Una lista previa? Claro que sí, con la diferencia de que esta lista va a ser sometida a votación popular.
Legítima o no, funcional o no, el procedimiento implicará una versión “mejorada” de los anteriores, cuando los principales partidos políticos hacían planchas directas para someterla a votación de los senadores y diputados. Normalmente, esas listas respondían a los intereses de las representaciones mayoritarias de entonces y, consiguientemente, resultaban ser consumadas sin mayor polémica. El pretexto era “institucionalizar” las estructuras del Estado.
Sin embargo, ahora pareciera ser tan nueva la idea y el afán, que sectores contrarios al Gobierno se rasgan las vestiduras y arguyen que el MAS “quiere copar también el Órgano Judicial”, después de hacer lo mismo con el Órgano Judicial y la Asamblea Legislativa Plurinacional, aunque esta última tras una votación nacional.
En el último tiempo, antes de la administración de Evo Morales, los periodistas sabíamos, y así lo informábamos, que la conformación de las distintas estructuras del viejo Poder Judicial era cuoteada por los partidos políticos, desde los de menor representación legislativa hasta los mayoritarios. Sin desparpajos.
Así también lo recuerda en Presidencia sitiada Carlos Mesa Gisbert, quien hace memoria de la necesidad de reformas judiciales en varias reuniones entre del gobierno que participó y las autoridades judiciales de entonces. Dice que estuvo de acuerdo con que los postulantes no fueran ni ex garciamezistas ni militantes de los partidos de gobierno, pero que intentó evitar infructuosamente el “cuoteo que irónicamente fue inviable en la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de la Judicatura, dadas las posiciones irreductibles de los partidos que querían imponer sus propios candidatos”. Y recuerda que en el Tribunal Constitucional esos partidos (MNR, MIR y NFR) “lograron un acuerdo y pusieron sus fichas”.
¿Es así ahora? Muchos hechos parecen confirmar por lo menos el interés de incidir en la selección de candidatos y candidatas, por la misma votación favorable que el partido de gobierno tiene en el Órgano Legislativo. Es, pues, el poder que lo puede todo.
Pero a estas alturas de la experiencia democrática boliviana, los ciudadanos no se dejan engatusar con esos afanes políticos. Si todo resulta tan nefasto en la selección de postulantes, en octubre los resultados pueden ser blancos o nulos, una grave fisura al Estado que se pretende.
Columna publicada en La Razón
martes, 10 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
'Primero el mar, luego Silala y Lauca'
Es uno de los ex presidentes que más convicción expresó a la hora de sumarse a la iniciativa de Evo Morales de acudir a tribunales internacionales por la demanda marítima. Aun así, con la distancia política que mantiene con el Mandatario, Mesa Gisbert es un duro crítico de las acciones de la administración gubernamental. Considera que para el Gobierno será difícil salir de la crisis política que se derivó del decreto que en diciembre pretendió nivelar el precio de los carburantes.
Rubén D. Atahuichi López
Alejado de la política, aunque pendiente de ella, comprometido ahora con la demanda marítima y mordaz con el Gobierno, Carlos Mesa Gisbert hace un repaso a las relaciones de Bolivia con Chile, de las que sigue pensando como el 2004, cuando le encaró a Ricardo Lagos en la Cumbre de Monterrey: Con Chile hay paz, no amistad.
Como varias ocasiones, el ex Presidente tiene serios cuestionamientos a la política chilena en relación a Bolivia, hasta raya en serios reparos con la diplomacia trasandina, a la que reclama trato igual que a Perú, país con el que mantiene un diferendo marítimo en tribunales de La Haya. Sin embargo, su convicción con el ansiado mar no cambia su percepción crítica respecto del gobierno de Evo Morales.
Así, cuestiona el frustrado ‘gasolinazo’ (según el Gobierno, la ‘nivelación’ de precios del diésel y la gasolina dictada en el Decreto Supremo 748, el 26 de diciembre del 2010), que en su criterio marcó un punto de inflexión entre el apoyo popular de antes y el descontento popular de ahora.
Como alternativa, considera que esa nivelación debería haber sido gradual, “en porcentajes razonables (10% ó 15%)” y en función de la realidad social. “Por lo tanto, la racionalidad económica ‘neoliberal’ puede funcionar en el escritorio, pero no en la realidad, tal es así que el presidente Morales tuvo que retirar la medida”, recuerda.
Descontento o no con el ‘proceso’ que encarna Morales, lo que sí Mesa Gisbert destaca del Presidente es su apuesta por la demanda marítima, hasta lo defiende del criterio chileno en sentido de que el anuncio del 23 de marzo de acudir a tribunales internacionales fue político, recurrente ante las crisis de popularidad.
— ¿Sigue pensando como el 2004 cuando le dijo a Lagos que con Chile hay paz, no amistad?
— La respuesta es muy evidente, dado que las cosas no han cambiado desde ese momento, y mi posición, tampoco.
— ¿Cómo debería actuarse tras el viraje estratégico del 23 de marzo?
— Como tú sabes, hemos tenido una reunión con el presidente Evo Morales cinco ex presidentes que fuimos invitados, y uno de los elementos que surgió como acuerdo de partes entre el Presidente y nosotros es que, por la naturaleza del tema y por cuestión de Estado, y lo delicado que es su tratamiento, de no hacer ninguna opinión en específico sobre lo que el Gobierno está haciendo y lo que va a hacer, hasta que el Gobierno no haga oficial su punto de vista. Y como todavía el Presidente, más allá de lo que dijo en su discurso del 23 de marzo, no ha adelantado ningún otro elemento complementario, hay que esperar lo que el Presidente, el Canciller o el director de la oficina de Reivindicación puedan decir.
— En Potosí plantearon el uso gradual de las aguas del Silala.
— Yo creo que una cosa que es evidente de manera general en las dificultades de relación con Chile el tema número uno es la reivindicación marítima, el número dos es Silala y el tres, el desvío del río Lauca.
Silala es un tema pendiente, muy sensible y muy importante de resolver. Creo que la posición boliviana ha vuelto al punto en el que estuvo en el origen, es decir, hay una cuestión pendiente de largo plazo.
Lo que plantea Potosí es una perspectiva y, como eso forma parte del paquete de negociación, Bolivia tiene que encarar eso de manera bilateral. Es un tema que Bolivia tendrá que resolver pero dentro de lo que el Gobierno está considerando como reivindicación general de sus relaciones con Chile. Por lo tanto, está tan embargada mi voz en el caso Silala como en el del río Lauca y del mar, en el sentido de voluntaria aceptación.
— Chile y Perú mantienen relaciones diplomáticas a pesar de la demanda en La Haya. ¿Considera que hay un tratamiento distinto de Chile a Bolivia?
— Por supuesto que sí. Me parece que la argumentación de Chile es endeble, en la medida en que no puede tener un criterio para su relación con el Perú y otro diferente para su relación con Bolivia. Sí está enzarzada en este momento en un diferendo en un tribunal internacional y eso no ha impedido no solamente una relación fluida a nivel bilateral, sino incluso una visita de Estado del Presidente (Alan) García hace unos meses a su colega (Sebastián) Piñera, no veo por qué Chile pretende excluir la relación bilateral fluida, que es lo que ha propuesto el Gobierno de Bolivia, a título de que Bolivia podría potencialmente ir a un tribunal internacional.
Yo creo que hiciste una pregunta correcta: Chile está haciendo una diferenciación que no tiene ningún sentido ni ninguna consistencia en lo que hace a una postura diplomática de un país en relación a sus vecinos, en este caso Perú y Bolivia.
— Usted siempre planteó multilateralidad. ¿Ha sido oportuno plantear el 23 de marzo esa postura a través del Presidente?
— Nuestra postura fue muy clara: creemos que Bolivia tiene todo el derecho de apelar a la bilateralidad, trilateralidad y multilateralidad de acuerdo a conveniencia e intereses del país en función de los mejores resultados. Ésa es una posición en la que me ratifico, y yo celebré que el presidente Morales recuperase el concepto de la multilateralidad y él mismo ha planteado que no desconoce ni niega la posibilidad de una relación bilateral y supongo que tampoco trilateral.
Lo que yo sostenía no era una posición personal, sino una interpretación en la que siempre he creído: la preservación de políticas de Estado y ésa fue una política de Estado boliviana en el largo plazo, anterior a nuestro gobierno, y, por lo tanto, el que se haya recuperado me parece correcto, porque Bolivia no debe hacer es separarse de sus propias políticas del Estado.
— Amerita la unidad ante esa demanda de magnitud. ¿Estará Bolivia preparada para eso?
— El gesto que tomó el Presidente de convocar a cinco ex presidentes muestra una paso adelante por comprender que más allá de nuestras diferencias —que son muchas y muy grandes— hay criterios que están por encima de ello. Esa iniciativa marca un giro importante.
Yo quiero subrayar que es la primera vez en la historia que se produce una convocatoria de esta naturaleza. Algunos medios han dicho equivocadamente que en 1990 ya se hizo una convocatoria de ex presidentes, lo cual no es cierto. Entonces estuvieron dos personas, Hugo Banzer —que sí era ex Presidente— y Gonzalo Sánchez de Lozada —que todavía no había sido Presidente—, y la convocatoria no fue para ex presidentes, sino para jefes de partidos políticos.
Ahora, el país está muy polarizado, más allá de esa iniciativa, que todavía no se han reabierto los vasos comunicantes entre el Gobierno y la oposición, que las posturas, sobre todo en las iniciativas del Gobierno, no son lo suficientemente amplias. Creo que esto es una oportunidad que debiera ampliarse en el caso del mar, sino en el diálogo Gobierno-oposición. Todavía el país —esto tiene que ver con responsabilidades del Gobierno— no ha dado el salto de funcionar democráticamente en los elementos políticos de su vida cotidiana. En ese sentido, todavía no estamos preparados.
— ¿Considera que fue político el mensaje presidencial del 23 de marzo como lo perciben en Chile?
— Uno de los lugares comunes y típicos, y de un poco avezado comentarista internacional, es que los presidentes bolivianos apelan al tema del mar siempre que están en dificultades de popularidad. Quiero recordar mi caso, porque de algún modo se hace referencia a mi propio gobierno, cuando tuve el problema con el presidente Lagos en la Cumbre de Monterrey (enero 2004) mi respaldo popular era del 81%. Está difícil que se pueda considerar que yo apelé al tema en ese momento.
Cuando tuve dificultades —mi peor momento fue 50% de respaldo popular, en el final de mi gobierno— el mar no estaba en debate: yo no reivindiqué el mar para resolver la crisis de junio. Por lo tanto, simplemente son lugares comunes. Yo podría interpretar, en este caso, que hubo una coincidencia en un momento difícil del Gobierno, pero mi impresión es que el 23 de marzo no está libre de toda sospecha; es decir, si realmente hubiera sido un caso de popularidad, qué coincidencia cayó en 23 de marzo el discurso del Presidente; tuvo que esperar un año para su popularidad.
— ¿Cómo percibe la situación del país?
—Difícil, complicada, creo que estamos en un momento de inflexión. El ‘gasolinazo’ ha marcado un antes y un después del gobierno de Evo Morales, y ese antes y después no lo está resolviendo adecuadamente. El problema que enfrenta el Gobierno es que esa medida rompió un pacto no escrito entre el Presidente y los sectores populares, y de base de la sociedad, que era ‘podré hacer cualquier cosa en función política, podré cometer errores, pero nunca en contra tuya, a diferencia de mis antecesores’. Éste, el discurso que, por supuesto, yo no creo, porque fui parte de sus antecesores.
El ‘gasolinazo’ fue el golpe más duro que se haya dado en democracia, en términos de costo y fardo económico. Quiero subrayar algo: yo no acepto —me parece una barbaridad— que los periodistas acepten el denominativo de ‘neoliberal’ para el período democrático anterior a Evo Morales.
— ¿Acaso no era necesario el gasolinazo?
—El hecho de que fuera necesario hay que analizarlo en dos direcciones. Uno, suponiendo que lo fuera, el Gobierno aceptaría que las reglas de juego que tuvieron que aceptar sus antecesores fueron las mismas; las reacciones del Gobierno fueron exactamente las mismas que las de sus antecesores. Segundo, ni la suma total de los gasolinazos, desde Víctor Paz Estenssoro hasta Eduardo Rodríguez Veltzé, no hace el porcentaje de aumento que de una sola vez trató de imponer el presidente Morales. Eso da una idea de la desmesura de la idea.
A juicio del diputado Edwin Tupa
Dice que lo conoce a través de la televisión desde los 15 años. Edwin Tupa (38) es jefe de la bancada nacional de Diputados del Movimiento Al Socialismo (MAS). A él le encargamos el juicio a Carlos Mesa Gisbert
— ¿Cuándo conoció a Mesa?
— Yo lo conocí en los noticieros de la televisión, como un buen periodista y presentador de grandes documentales.
—¿Alguna vez le estrechó la mano ?
—En ningún momento.
—¿Cómo lo considera políticamente ?
—Él tuvo una gran oportunidad cuando estuvo en la silla presidencial (2003-2005), pero no supo manejarse políticamente; perdió la oportunidad.
—¿Su personalidad?
—Mis respetos y mi admiración como periodista. Es un buen referente, yo lo veía desde mis 15 años (tengo 38). Su aporte en ese gremio ha sido fundamental.
—¿Lo ve como candidato presidencial?
—No, no lo veo como candidato. Creo que ya ni aparece en los noticieros, no lo vi en el ámbito periodístico y no está dedicado a la política. Pero es un buen periodista, lo admiro bastante.
Entrevista publicada en el suplemento político Animal Político de La Razón
Rubén D. Atahuichi López
Alejado de la política, aunque pendiente de ella, comprometido ahora con la demanda marítima y mordaz con el Gobierno, Carlos Mesa Gisbert hace un repaso a las relaciones de Bolivia con Chile, de las que sigue pensando como el 2004, cuando le encaró a Ricardo Lagos en la Cumbre de Monterrey: Con Chile hay paz, no amistad.
Como varias ocasiones, el ex Presidente tiene serios cuestionamientos a la política chilena en relación a Bolivia, hasta raya en serios reparos con la diplomacia trasandina, a la que reclama trato igual que a Perú, país con el que mantiene un diferendo marítimo en tribunales de La Haya. Sin embargo, su convicción con el ansiado mar no cambia su percepción crítica respecto del gobierno de Evo Morales.
Así, cuestiona el frustrado ‘gasolinazo’ (según el Gobierno, la ‘nivelación’ de precios del diésel y la gasolina dictada en el Decreto Supremo 748, el 26 de diciembre del 2010), que en su criterio marcó un punto de inflexión entre el apoyo popular de antes y el descontento popular de ahora.
Como alternativa, considera que esa nivelación debería haber sido gradual, “en porcentajes razonables (10% ó 15%)” y en función de la realidad social. “Por lo tanto, la racionalidad económica ‘neoliberal’ puede funcionar en el escritorio, pero no en la realidad, tal es así que el presidente Morales tuvo que retirar la medida”, recuerda.
Descontento o no con el ‘proceso’ que encarna Morales, lo que sí Mesa Gisbert destaca del Presidente es su apuesta por la demanda marítima, hasta lo defiende del criterio chileno en sentido de que el anuncio del 23 de marzo de acudir a tribunales internacionales fue político, recurrente ante las crisis de popularidad.
— ¿Sigue pensando como el 2004 cuando le dijo a Lagos que con Chile hay paz, no amistad?
— La respuesta es muy evidente, dado que las cosas no han cambiado desde ese momento, y mi posición, tampoco.
— ¿Cómo debería actuarse tras el viraje estratégico del 23 de marzo?
— Como tú sabes, hemos tenido una reunión con el presidente Evo Morales cinco ex presidentes que fuimos invitados, y uno de los elementos que surgió como acuerdo de partes entre el Presidente y nosotros es que, por la naturaleza del tema y por cuestión de Estado, y lo delicado que es su tratamiento, de no hacer ninguna opinión en específico sobre lo que el Gobierno está haciendo y lo que va a hacer, hasta que el Gobierno no haga oficial su punto de vista. Y como todavía el Presidente, más allá de lo que dijo en su discurso del 23 de marzo, no ha adelantado ningún otro elemento complementario, hay que esperar lo que el Presidente, el Canciller o el director de la oficina de Reivindicación puedan decir.
— En Potosí plantearon el uso gradual de las aguas del Silala.
— Yo creo que una cosa que es evidente de manera general en las dificultades de relación con Chile el tema número uno es la reivindicación marítima, el número dos es Silala y el tres, el desvío del río Lauca.
Silala es un tema pendiente, muy sensible y muy importante de resolver. Creo que la posición boliviana ha vuelto al punto en el que estuvo en el origen, es decir, hay una cuestión pendiente de largo plazo.
Lo que plantea Potosí es una perspectiva y, como eso forma parte del paquete de negociación, Bolivia tiene que encarar eso de manera bilateral. Es un tema que Bolivia tendrá que resolver pero dentro de lo que el Gobierno está considerando como reivindicación general de sus relaciones con Chile. Por lo tanto, está tan embargada mi voz en el caso Silala como en el del río Lauca y del mar, en el sentido de voluntaria aceptación.
— Chile y Perú mantienen relaciones diplomáticas a pesar de la demanda en La Haya. ¿Considera que hay un tratamiento distinto de Chile a Bolivia?
— Por supuesto que sí. Me parece que la argumentación de Chile es endeble, en la medida en que no puede tener un criterio para su relación con el Perú y otro diferente para su relación con Bolivia. Sí está enzarzada en este momento en un diferendo en un tribunal internacional y eso no ha impedido no solamente una relación fluida a nivel bilateral, sino incluso una visita de Estado del Presidente (Alan) García hace unos meses a su colega (Sebastián) Piñera, no veo por qué Chile pretende excluir la relación bilateral fluida, que es lo que ha propuesto el Gobierno de Bolivia, a título de que Bolivia podría potencialmente ir a un tribunal internacional.
Yo creo que hiciste una pregunta correcta: Chile está haciendo una diferenciación que no tiene ningún sentido ni ninguna consistencia en lo que hace a una postura diplomática de un país en relación a sus vecinos, en este caso Perú y Bolivia.
— Usted siempre planteó multilateralidad. ¿Ha sido oportuno plantear el 23 de marzo esa postura a través del Presidente?
— Nuestra postura fue muy clara: creemos que Bolivia tiene todo el derecho de apelar a la bilateralidad, trilateralidad y multilateralidad de acuerdo a conveniencia e intereses del país en función de los mejores resultados. Ésa es una posición en la que me ratifico, y yo celebré que el presidente Morales recuperase el concepto de la multilateralidad y él mismo ha planteado que no desconoce ni niega la posibilidad de una relación bilateral y supongo que tampoco trilateral.
Lo que yo sostenía no era una posición personal, sino una interpretación en la que siempre he creído: la preservación de políticas de Estado y ésa fue una política de Estado boliviana en el largo plazo, anterior a nuestro gobierno, y, por lo tanto, el que se haya recuperado me parece correcto, porque Bolivia no debe hacer es separarse de sus propias políticas del Estado.
— Amerita la unidad ante esa demanda de magnitud. ¿Estará Bolivia preparada para eso?
— El gesto que tomó el Presidente de convocar a cinco ex presidentes muestra una paso adelante por comprender que más allá de nuestras diferencias —que son muchas y muy grandes— hay criterios que están por encima de ello. Esa iniciativa marca un giro importante.
Yo quiero subrayar que es la primera vez en la historia que se produce una convocatoria de esta naturaleza. Algunos medios han dicho equivocadamente que en 1990 ya se hizo una convocatoria de ex presidentes, lo cual no es cierto. Entonces estuvieron dos personas, Hugo Banzer —que sí era ex Presidente— y Gonzalo Sánchez de Lozada —que todavía no había sido Presidente—, y la convocatoria no fue para ex presidentes, sino para jefes de partidos políticos.
Ahora, el país está muy polarizado, más allá de esa iniciativa, que todavía no se han reabierto los vasos comunicantes entre el Gobierno y la oposición, que las posturas, sobre todo en las iniciativas del Gobierno, no son lo suficientemente amplias. Creo que esto es una oportunidad que debiera ampliarse en el caso del mar, sino en el diálogo Gobierno-oposición. Todavía el país —esto tiene que ver con responsabilidades del Gobierno— no ha dado el salto de funcionar democráticamente en los elementos políticos de su vida cotidiana. En ese sentido, todavía no estamos preparados.
— ¿Considera que fue político el mensaje presidencial del 23 de marzo como lo perciben en Chile?
— Uno de los lugares comunes y típicos, y de un poco avezado comentarista internacional, es que los presidentes bolivianos apelan al tema del mar siempre que están en dificultades de popularidad. Quiero recordar mi caso, porque de algún modo se hace referencia a mi propio gobierno, cuando tuve el problema con el presidente Lagos en la Cumbre de Monterrey (enero 2004) mi respaldo popular era del 81%. Está difícil que se pueda considerar que yo apelé al tema en ese momento.
Cuando tuve dificultades —mi peor momento fue 50% de respaldo popular, en el final de mi gobierno— el mar no estaba en debate: yo no reivindiqué el mar para resolver la crisis de junio. Por lo tanto, simplemente son lugares comunes. Yo podría interpretar, en este caso, que hubo una coincidencia en un momento difícil del Gobierno, pero mi impresión es que el 23 de marzo no está libre de toda sospecha; es decir, si realmente hubiera sido un caso de popularidad, qué coincidencia cayó en 23 de marzo el discurso del Presidente; tuvo que esperar un año para su popularidad.
— ¿Cómo percibe la situación del país?
—Difícil, complicada, creo que estamos en un momento de inflexión. El ‘gasolinazo’ ha marcado un antes y un después del gobierno de Evo Morales, y ese antes y después no lo está resolviendo adecuadamente. El problema que enfrenta el Gobierno es que esa medida rompió un pacto no escrito entre el Presidente y los sectores populares, y de base de la sociedad, que era ‘podré hacer cualquier cosa en función política, podré cometer errores, pero nunca en contra tuya, a diferencia de mis antecesores’. Éste, el discurso que, por supuesto, yo no creo, porque fui parte de sus antecesores.
El ‘gasolinazo’ fue el golpe más duro que se haya dado en democracia, en términos de costo y fardo económico. Quiero subrayar algo: yo no acepto —me parece una barbaridad— que los periodistas acepten el denominativo de ‘neoliberal’ para el período democrático anterior a Evo Morales.
— ¿Acaso no era necesario el gasolinazo?
—El hecho de que fuera necesario hay que analizarlo en dos direcciones. Uno, suponiendo que lo fuera, el Gobierno aceptaría que las reglas de juego que tuvieron que aceptar sus antecesores fueron las mismas; las reacciones del Gobierno fueron exactamente las mismas que las de sus antecesores. Segundo, ni la suma total de los gasolinazos, desde Víctor Paz Estenssoro hasta Eduardo Rodríguez Veltzé, no hace el porcentaje de aumento que de una sola vez trató de imponer el presidente Morales. Eso da una idea de la desmesura de la idea.
A juicio del diputado Edwin Tupa
Dice que lo conoce a través de la televisión desde los 15 años. Edwin Tupa (38) es jefe de la bancada nacional de Diputados del Movimiento Al Socialismo (MAS). A él le encargamos el juicio a Carlos Mesa Gisbert
— ¿Cuándo conoció a Mesa?
— Yo lo conocí en los noticieros de la televisión, como un buen periodista y presentador de grandes documentales.
—¿Alguna vez le estrechó la mano ?
—En ningún momento.
—¿Cómo lo considera políticamente ?
—Él tuvo una gran oportunidad cuando estuvo en la silla presidencial (2003-2005), pero no supo manejarse políticamente; perdió la oportunidad.
—¿Su personalidad?
—Mis respetos y mi admiración como periodista. Es un buen referente, yo lo veía desde mis 15 años (tengo 38). Su aporte en ese gremio ha sido fundamental.
—¿Lo ve como candidato presidencial?
—No, no lo veo como candidato. Creo que ya ni aparece en los noticieros, no lo vi en el ámbito periodístico y no está dedicado a la política. Pero es un buen periodista, lo admiro bastante.
Entrevista publicada en el suplemento político Animal Político de La Razón
martes, 26 de abril de 2011
Del Granado: "El MSM es una opción ante la debacle masista"
Fue el alcalde a quien Evo Morales quiso clonarlo. Convivió durante cuatro años y más con el gobierno del MAS, pero ahora se arrepiente y detesta esa etapa política, como de su pacto con el MNR. Considera que el MAS rompió con el MSM: “El MSM les aparecía como innecesario, como un peligroso estorbo en esta construcción hegemónica; fue una señal muy clara de esta equivocada conducción política e ideológica que el Gobierno está llevando hacia adelante.
“De manera autocrítica, asumimos como nuestros los errores de la conducción gubernamental en el primer tiempo; no estamos de ninguna manera ajenos a una autocrítica, aunque nuestra visión fue crítica y autocrítica, buscamos profundizar los aciertos y corregir los errores”.
Rubén D. Atahuichi López
Habla como candidato y dice que no lo es, aunque no descarta esa opción. Pero se decanta contra quien fue aliado suyo, Evo Morales Ayma, en este momento todavía el hombre con más fuerza política en el país. Juan del Granado presenta al Movimiento Sin Miedo (MSM) como la alternativa “ante la debacle masista”.
El ex alcalde de La Paz (1999-2010) ya trabaja para las elecciones “del 2014 o del 2019”. “Desde abril del 2010 estamos relanzando al MSM como opción nacional frente a la debacle masista y la mala conducción de este proceso”, dice.
Según explica, la propuesta del MSM consigna cuatro tipos de ‘construcciones’: económica y productiva, “para la articulación de un nuevo modelo económico”; la autonómica, para la “gestión de intereses de la gente en todos los rincones del país; la institucional, para plantear “una renovada institucionalidad democrática en el país”; y la plurinacional, para “sociedad no solamente de iguales, sino de pueblos y culturas iguales”.
Aunque recuerda a la derecha conservadora y neoliberal, Del Granado se apasiona contra el MAS y su propuesta política. El año 2009, (Álvaro) García Linera ofreció ‘capitalismo andino’ y a los pocos meses se pasó a ‘socialismo comunitario’. Hoy sabemos que hay una gran discusión entre los ‘comunitaristas’ y los ‘industrialistas’.
Ideológicamente, no tienen claras las cosas los amigos del MAS. Hasta se anima a decir que el Gobierno es un “mar de improvisaciones” y un reciclado de ‘unionistas’, adenistas y movimientistas.
— Si lo escuchan (leen) los del MAS, van a sindicarlo de emebelista o aliado del MNR.
— Fue parte de mi trayectoria política y no tengo ningún inconveniente en reivindicar mi pertenencia al viejo MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), que luchó incansablemente por la recuperación democrática.
Reconozco el gravísimo error que cometimos en el MBL (Movimiento Bolivia Libre) de aliarnos con Gonzalo Sánchez de Lozada, pero el MBL fue anterior al MSM y éste no tiene nada que ver con el MBL.
A lo que voy es a que una nueva opción política no puede, si no tiene organización ni cuadros, ser el lugar de reciclaje de la vieja partidocracia y de los corruptos de siempre. Por eso es tarea esencial en una organización la formación.
— ¿Y el MSM es una propuesta de cambio al cambio?
— Sí, y no para el 2014, sino para hoy, porque hoy…
— ¿Y se puede incidir en eso?
— ...hoy, la gente necesita orientación y claridad sobre lo que está pasando en el país para no volver al pasado, y no suponer que estábamos mejor hace cinco años frente a la debacle masista, pero para no quedarnos en el presente, para avanzar en una visión de cambio verdadero, que tiene que ver con los cuatro desafíos que el MSM propone, pero en un ámbito profundamente democrático, teniendo como principio articulador la pluralidad económica. Estamos en contra del estatismo extremo, como estamos en contra del neoliberalismo; debe haber un justo equilibrio entre el mercado y el Estado, que no deben volver al pasado cuando fue anulado por el mercado. Tampoco podemos estar con las chapucerías de estos estatismos extremos, que quieren producir desde leche hasta cartón, pasando por las pilas de litio y las plantas de úrea.
— Eso suena a despecho; el MSM fue parte de la formulación de esos proyectos.
— No, nunca sostuvimos estatismo extremo ni que el Estado tenga que eliminar el mercado y la inversión privada o la producción comunitaria. Nuestra gestión de 10 años en La Paz ha sido un ejemplo de pluralismo; la inversión pública se ha duplicado y la hemos acompañado con acuerdos estratégicos, y con la cooperación internacional.
— Es posible que crean en el presente, pero también se proyectan con fines electorales. ¿Se puede hablar del MSM y Juan del Granado como una opción de cambio al cambio?
—Estamos en la construcción de una nueva alternativa política, que renueve, replantee y reconduzca el cambio para orientar y defender a la gente frente a esta visión autoritaria. Imagínate a qué extremo hemos llegado: Evo, García Linera y ministros calificando a la Central Obrera Boliviana (COB) de derechistas y golpistas, y a los trabajadores, el núcleo central del pueblo, que siempre han alentado el cambio y que siempre han sido el escudo ante las dictaduras. Evo Morales no sería Presidente sin los trabajadores.
Vendrán las elecciones en su momento. Además, somos profundamente democráticos, no vamos a hacer lo que dice García Linera: quieren voltear a Evo. No queremos voltear a nadie. Ojalá le vaya bien a Evo, ojalá gobierne bien.
Y veremos en qué grado de construcción alternativa nos encontramos el 2014 o el 2019.
— ¿Con Juan como candidato?
— No. La demostración es que ganamos La Paz sin Juan, cuando todos, incluyéndote a ti, los periodistas suponían si Juan no era candidato no ganábamos La Paz, mucho más si lo teníamos al frente a Evo Morales, a todo el aparato del MAS, a todo el dinero del Gobierno, a toda la campaña publicitaria en contra.
No te olvides que de Alcalde a ser clonado pasé a ‘Alcalde inepto’, en la boca del Presidente. Si pudimos ganar La Paz sin Juan, ¿por qué no podemos ganar con una propuesta alternativa a la conducción de los espacios nacionales?
— Pero Juan tiene un liderazgo absoluto en el MSM.
— Es relativo. ¿Cómo explicas el triunfo de Luis Revilla? ¿Por qué no puede ser Lucho o Rossío Pimentel (la Alcaldesa de Oruro)?
— Pimentel no es del MSM.
— No importa. El candidato no tiene que ser necesariamente del partido.
— Ah, ¿sí?
— Claro, estamos en una construcción que no puede ser ‘uniquista’ o partidocrática. Lo último que haremos será, pues, elegir candidato.
— ¿No será un riesgo? Pimentel dijo que le tiene miedo al MSM.
— (Se ríe) Sí, la he escuchado y lo comentamos con Rossío. Es que hay problemas, pues, en una conducción compleja como es la Alcaldía destrozada que recibió Rossío, un partido pequeño, el MSM, y las dimensiones del desafío de una persona que viene del periodismo.
Es un conjunto de problemas que todavía no los hemos superado en Oruro. Sigue habiendo una distancia entre el MSM y nuestra Alcaldesa; ella sigue siendo una persona que no es militante del MSM, pero la gestión sí es del MSM, ella llegó a la Alcaldía con nosotros.
— ¿Será potable una candidatura externa en el MSM?
— Claro que sí, perfectamente.
— ¿Para la Presidencia?
— Para la Presidencia, las diputaciones, las gobernaciones o las alcaldías. Es parte de una visión nueva. Así como no puede ser una visión partidocrática, el propio partido tiene que ser una visión nueva. Deberíamos tener un partido autonómico.
¬— ¿Apuesta a que no va a ser candidato presidencial el 2014?
— Ni lo uno ni lo otro, porque no puedo condicionar nada cuando no estamos definiendo candidaturas, cuando ésa no es la tarea. He estado en Guayaramerín y hemos tenido una caravana de recepción de cinco cuadras, y lo primero que me preguntaron tus colegas fue si ya empezó la campaña electoral. Yo les dije luego en una asamblea: “Les tengo una mala noticia, no soy candidato y no hay elecciones”.
— ¿Y no lo va a ser?
— No voy a ser candidato, no hay elecciones y no hay pegas.
— ¿No va ser candidato para las próximas presidenciales?
— ¿Cuál es la buena? “Están convocados a construir una nueva opción para hoy, no para el 2014”.
— Me está evadiendo la pregunta. ¿Descarta ser candidato?
— No descarto, pero ése no es el tema. Entiendo tu preocupación y la manera incisiva de cómo tocas el tema, pero no es nuestra preocupación. Están saliendo encuestas que (dicen) a ‘Juan no le gana a Evo o Evo no le gana a Juan’, o (Samuel) Doria Medina o a (Rubén) Costas en Santa Cruz.
— Encuestas en tiempos en que no se avizoran elecciones.
— Así es. Por eso el destino vacío de tu pregunta, te estás lanzando con una hermosa pirueta a una piscina sin agua; no hay elecciones.
— Pero a cuatro años puede que el MSM esté construyendo la candidatura de Del Granado.
— No, no es correcto; el MSM se opone a construir un proyecto alternativo con base en un candidato. No lo vamos a hacer. Una de las falencias que normalmente tienen las estructuras de gobierno es la nominación de autoridades y funcionarios en función de los liderazgos…
Además de los cuatro desafíos, internamente tenemos otros desafíos, para construir desde cuatro escenarios: ideológico, programático, organizacional y dirigencial. Ahí están cifradas las posibilidades de una nueva fuerza alternativa.
A juicio del viceministro César Navarro
Compartió con él durante la alianza MAS-MSM. El viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro, considera a Juan del Granado como un típico socialdemócrata “de coyuntura”.
— ¿Cuándo lo conoció?
— Entre 1992, cuando era abogado contra Luis García Meza.
— ¿Cómo lo califica?
— Es un cuadro típico de la socialdemocracia lationoamericana, que actúa en función de la coyuntura no marcado por principios ideológicos, que les permite acomodarse a las coyunturas políticas de los diferentes momentos. Cuando se funda el MIR se habla del socialismo, pero cuando entra en crisis la UDP asume otro rol y el MIR se convierte en uno de los trípodes del neoliberalismo y el MBL tarda un poco más, pero termina siendo de la estructura de poder.
— ¿Cómo fue Del Granado como aliado del MAS?
— Más que aliado, el MAS y el Gobierno le permitieron salir de la palestra municipal a la nacional. Incluso impulsaba la candidatura de René Joaquino. El MAS le permitió tener una imagen nacional.
Entrevista publicada el domingo 24 de abril de 2011 en el suplemento Animal Político de La Razón
“De manera autocrítica, asumimos como nuestros los errores de la conducción gubernamental en el primer tiempo; no estamos de ninguna manera ajenos a una autocrítica, aunque nuestra visión fue crítica y autocrítica, buscamos profundizar los aciertos y corregir los errores”.
Rubén D. Atahuichi López
Habla como candidato y dice que no lo es, aunque no descarta esa opción. Pero se decanta contra quien fue aliado suyo, Evo Morales Ayma, en este momento todavía el hombre con más fuerza política en el país. Juan del Granado presenta al Movimiento Sin Miedo (MSM) como la alternativa “ante la debacle masista”.
El ex alcalde de La Paz (1999-2010) ya trabaja para las elecciones “del 2014 o del 2019”. “Desde abril del 2010 estamos relanzando al MSM como opción nacional frente a la debacle masista y la mala conducción de este proceso”, dice.
Según explica, la propuesta del MSM consigna cuatro tipos de ‘construcciones’: económica y productiva, “para la articulación de un nuevo modelo económico”; la autonómica, para la “gestión de intereses de la gente en todos los rincones del país; la institucional, para plantear “una renovada institucionalidad democrática en el país”; y la plurinacional, para “sociedad no solamente de iguales, sino de pueblos y culturas iguales”.
Aunque recuerda a la derecha conservadora y neoliberal, Del Granado se apasiona contra el MAS y su propuesta política. El año 2009, (Álvaro) García Linera ofreció ‘capitalismo andino’ y a los pocos meses se pasó a ‘socialismo comunitario’. Hoy sabemos que hay una gran discusión entre los ‘comunitaristas’ y los ‘industrialistas’.
Ideológicamente, no tienen claras las cosas los amigos del MAS. Hasta se anima a decir que el Gobierno es un “mar de improvisaciones” y un reciclado de ‘unionistas’, adenistas y movimientistas.
— Si lo escuchan (leen) los del MAS, van a sindicarlo de emebelista o aliado del MNR.
— Fue parte de mi trayectoria política y no tengo ningún inconveniente en reivindicar mi pertenencia al viejo MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), que luchó incansablemente por la recuperación democrática.
Reconozco el gravísimo error que cometimos en el MBL (Movimiento Bolivia Libre) de aliarnos con Gonzalo Sánchez de Lozada, pero el MBL fue anterior al MSM y éste no tiene nada que ver con el MBL.
A lo que voy es a que una nueva opción política no puede, si no tiene organización ni cuadros, ser el lugar de reciclaje de la vieja partidocracia y de los corruptos de siempre. Por eso es tarea esencial en una organización la formación.
— ¿Y el MSM es una propuesta de cambio al cambio?
— Sí, y no para el 2014, sino para hoy, porque hoy…
— ¿Y se puede incidir en eso?
— ...hoy, la gente necesita orientación y claridad sobre lo que está pasando en el país para no volver al pasado, y no suponer que estábamos mejor hace cinco años frente a la debacle masista, pero para no quedarnos en el presente, para avanzar en una visión de cambio verdadero, que tiene que ver con los cuatro desafíos que el MSM propone, pero en un ámbito profundamente democrático, teniendo como principio articulador la pluralidad económica. Estamos en contra del estatismo extremo, como estamos en contra del neoliberalismo; debe haber un justo equilibrio entre el mercado y el Estado, que no deben volver al pasado cuando fue anulado por el mercado. Tampoco podemos estar con las chapucerías de estos estatismos extremos, que quieren producir desde leche hasta cartón, pasando por las pilas de litio y las plantas de úrea.
— Eso suena a despecho; el MSM fue parte de la formulación de esos proyectos.
— No, nunca sostuvimos estatismo extremo ni que el Estado tenga que eliminar el mercado y la inversión privada o la producción comunitaria. Nuestra gestión de 10 años en La Paz ha sido un ejemplo de pluralismo; la inversión pública se ha duplicado y la hemos acompañado con acuerdos estratégicos, y con la cooperación internacional.
— Es posible que crean en el presente, pero también se proyectan con fines electorales. ¿Se puede hablar del MSM y Juan del Granado como una opción de cambio al cambio?
—Estamos en la construcción de una nueva alternativa política, que renueve, replantee y reconduzca el cambio para orientar y defender a la gente frente a esta visión autoritaria. Imagínate a qué extremo hemos llegado: Evo, García Linera y ministros calificando a la Central Obrera Boliviana (COB) de derechistas y golpistas, y a los trabajadores, el núcleo central del pueblo, que siempre han alentado el cambio y que siempre han sido el escudo ante las dictaduras. Evo Morales no sería Presidente sin los trabajadores.
Vendrán las elecciones en su momento. Además, somos profundamente democráticos, no vamos a hacer lo que dice García Linera: quieren voltear a Evo. No queremos voltear a nadie. Ojalá le vaya bien a Evo, ojalá gobierne bien.
Y veremos en qué grado de construcción alternativa nos encontramos el 2014 o el 2019.
— ¿Con Juan como candidato?
— No. La demostración es que ganamos La Paz sin Juan, cuando todos, incluyéndote a ti, los periodistas suponían si Juan no era candidato no ganábamos La Paz, mucho más si lo teníamos al frente a Evo Morales, a todo el aparato del MAS, a todo el dinero del Gobierno, a toda la campaña publicitaria en contra.
No te olvides que de Alcalde a ser clonado pasé a ‘Alcalde inepto’, en la boca del Presidente. Si pudimos ganar La Paz sin Juan, ¿por qué no podemos ganar con una propuesta alternativa a la conducción de los espacios nacionales?
— Pero Juan tiene un liderazgo absoluto en el MSM.
— Es relativo. ¿Cómo explicas el triunfo de Luis Revilla? ¿Por qué no puede ser Lucho o Rossío Pimentel (la Alcaldesa de Oruro)?
— Pimentel no es del MSM.
— No importa. El candidato no tiene que ser necesariamente del partido.
— Ah, ¿sí?
— Claro, estamos en una construcción que no puede ser ‘uniquista’ o partidocrática. Lo último que haremos será, pues, elegir candidato.
— ¿No será un riesgo? Pimentel dijo que le tiene miedo al MSM.
— (Se ríe) Sí, la he escuchado y lo comentamos con Rossío. Es que hay problemas, pues, en una conducción compleja como es la Alcaldía destrozada que recibió Rossío, un partido pequeño, el MSM, y las dimensiones del desafío de una persona que viene del periodismo.
Es un conjunto de problemas que todavía no los hemos superado en Oruro. Sigue habiendo una distancia entre el MSM y nuestra Alcaldesa; ella sigue siendo una persona que no es militante del MSM, pero la gestión sí es del MSM, ella llegó a la Alcaldía con nosotros.
— ¿Será potable una candidatura externa en el MSM?
— Claro que sí, perfectamente.
— ¿Para la Presidencia?
— Para la Presidencia, las diputaciones, las gobernaciones o las alcaldías. Es parte de una visión nueva. Así como no puede ser una visión partidocrática, el propio partido tiene que ser una visión nueva. Deberíamos tener un partido autonómico.
¬— ¿Apuesta a que no va a ser candidato presidencial el 2014?
— Ni lo uno ni lo otro, porque no puedo condicionar nada cuando no estamos definiendo candidaturas, cuando ésa no es la tarea. He estado en Guayaramerín y hemos tenido una caravana de recepción de cinco cuadras, y lo primero que me preguntaron tus colegas fue si ya empezó la campaña electoral. Yo les dije luego en una asamblea: “Les tengo una mala noticia, no soy candidato y no hay elecciones”.
— ¿Y no lo va a ser?
— No voy a ser candidato, no hay elecciones y no hay pegas.
— ¿No va ser candidato para las próximas presidenciales?
— ¿Cuál es la buena? “Están convocados a construir una nueva opción para hoy, no para el 2014”.
— Me está evadiendo la pregunta. ¿Descarta ser candidato?
— No descarto, pero ése no es el tema. Entiendo tu preocupación y la manera incisiva de cómo tocas el tema, pero no es nuestra preocupación. Están saliendo encuestas que (dicen) a ‘Juan no le gana a Evo o Evo no le gana a Juan’, o (Samuel) Doria Medina o a (Rubén) Costas en Santa Cruz.
— Encuestas en tiempos en que no se avizoran elecciones.
— Así es. Por eso el destino vacío de tu pregunta, te estás lanzando con una hermosa pirueta a una piscina sin agua; no hay elecciones.
— Pero a cuatro años puede que el MSM esté construyendo la candidatura de Del Granado.
— No, no es correcto; el MSM se opone a construir un proyecto alternativo con base en un candidato. No lo vamos a hacer. Una de las falencias que normalmente tienen las estructuras de gobierno es la nominación de autoridades y funcionarios en función de los liderazgos…
Además de los cuatro desafíos, internamente tenemos otros desafíos, para construir desde cuatro escenarios: ideológico, programático, organizacional y dirigencial. Ahí están cifradas las posibilidades de una nueva fuerza alternativa.
A juicio del viceministro César Navarro
Compartió con él durante la alianza MAS-MSM. El viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro, considera a Juan del Granado como un típico socialdemócrata “de coyuntura”.
— ¿Cuándo lo conoció?
— Entre 1992, cuando era abogado contra Luis García Meza.
— ¿Cómo lo califica?
— Es un cuadro típico de la socialdemocracia lationoamericana, que actúa en función de la coyuntura no marcado por principios ideológicos, que les permite acomodarse a las coyunturas políticas de los diferentes momentos. Cuando se funda el MIR se habla del socialismo, pero cuando entra en crisis la UDP asume otro rol y el MIR se convierte en uno de los trípodes del neoliberalismo y el MBL tarda un poco más, pero termina siendo de la estructura de poder.
— ¿Cómo fue Del Granado como aliado del MAS?
— Más que aliado, el MAS y el Gobierno le permitieron salir de la palestra municipal a la nacional. Incluso impulsaba la candidatura de René Joaquino. El MAS le permitió tener una imagen nacional.
Entrevista publicada el domingo 24 de abril de 2011 en el suplemento Animal Político de La Razón
Señora Ardaya, no nos cuente el cuento
Rubén D. Atahuichi López
¿Que el caso de los militares metidos en el contrabando es un caso aislado? Al menos yo no me dejo contar el cuento por la presidenta de la Aduana Nacional, Marlene Ardaya, que el domingo le dijo eso a la red Erbol.
Y tengo muchas razones. Una de ellas pasó como anécdota (para las autoridades), que incluso la conté como noticia mientras escribía para La Prensa, en 2006. A ver, algunos detalles.
Al volver junto con mi hijo de ocho años de mi pueblo en Oruro, ante la falta de un vehículo, tomé uno y otro privados de emergencia. El último, para mi suerte, era ilegal, en la carretera Tambo Quemado-Patacamaya. De pronto, el conductor se dio cuenta que el coche del frente era uno de militares de Curahuara. Nos interceptaron y nos encañonaron luego de una breve persecución. Una hora de vilo, a la medianoche.
Al final, después de un regateo, el dueño del carro pagó 300 dólares, y otros 300 por el camión de adelante, que también había sido suyo. No quise develarme como periodista, habría sido mucho riesgo, y con el niño durmiendo en mis brazos. Sin embargo, traté de ayudar al chofer a evitar que pague, al considerar que al llegar a destino, con el vehículo incautado, íbamos a denunciar a los dos oficiales.
Al retomar el camino, el “chutero”, como se llama a quienes importan carros ilegales, me comentó que esa “requisa” era normal, que la idea era evadirla en altas horas de la noche. No fue su día-noche, pero el de esos militares del Regimiento Tocopilla sí, que como muchas otras unidades militares semanas antes habían sido encomendadas por el presidente Evo Morales a apoyar las tareas de interdicción al contrabando.
El ratón cuidando el queso. Eso también pasa con algunos oficiales del Control Operativo Aduanero (COA). Hace poco, cuando escribía para Erbol, investigué varios casos en los que oficiales policías estaban implicados en delitos de contrabando. Hasta supe que cuando un jefe del COA se refiere al paso libre de camiones de contrabando le dice a su subalterno que “ése tiene su pin”. Es decir, el dueño de la mercadería ya había pagado la coima.
Otro caso, que investiga el Ministerio Publico, se refiere a la implicación del gerente regional de El Alto, José Luis Lafuente, quien, a pesar sido sujeto de arresto domiciliario por una investigación sobre delitos aduaneros , consiguió volver a sus oficinas. Otras 17 personas están implicadas en el caso, la mayoría de ellas funcionarios de la oficina de interdicción al contrabando.
Cuestionada sobre la actuación de algunos funcionarios y policías implicados en ilícitos, Ardaya dijo que “son personas” y no hay corrupción en la Aduana Nacional hasta “donde pueda controlarla”.
En otra entrevista, el comandante del COA, Osvaldo Cabrera, coincidió con la Presidenta de la Aduana. “Yo no puedo meter las manos al fuego” por ninguno de los policías a su mando, “son personas humanas y tienen debilidades”, decía.
Son algunos casos, pero yo no creo que sean aislados. En el COA dicen que el “sistema” continúa, es decir, el cobro de sobornos por el paso de contrabando. Y los militares no son angelitos, sólo falta escudriñar el contrabando de combustibles al Perú, seguro que están metidos en eso, como dicen en off el COA.
Así que no nos cuenten el cuento. El contrabando pasa por las narices de la Aduana Nacional y no es difícil de detectarlo.
Columna publicada en La Razón
¿Que el caso de los militares metidos en el contrabando es un caso aislado? Al menos yo no me dejo contar el cuento por la presidenta de la Aduana Nacional, Marlene Ardaya, que el domingo le dijo eso a la red Erbol.
Y tengo muchas razones. Una de ellas pasó como anécdota (para las autoridades), que incluso la conté como noticia mientras escribía para La Prensa, en 2006. A ver, algunos detalles.
Al volver junto con mi hijo de ocho años de mi pueblo en Oruro, ante la falta de un vehículo, tomé uno y otro privados de emergencia. El último, para mi suerte, era ilegal, en la carretera Tambo Quemado-Patacamaya. De pronto, el conductor se dio cuenta que el coche del frente era uno de militares de Curahuara. Nos interceptaron y nos encañonaron luego de una breve persecución. Una hora de vilo, a la medianoche.
Al final, después de un regateo, el dueño del carro pagó 300 dólares, y otros 300 por el camión de adelante, que también había sido suyo. No quise develarme como periodista, habría sido mucho riesgo, y con el niño durmiendo en mis brazos. Sin embargo, traté de ayudar al chofer a evitar que pague, al considerar que al llegar a destino, con el vehículo incautado, íbamos a denunciar a los dos oficiales.
Al retomar el camino, el “chutero”, como se llama a quienes importan carros ilegales, me comentó que esa “requisa” era normal, que la idea era evadirla en altas horas de la noche. No fue su día-noche, pero el de esos militares del Regimiento Tocopilla sí, que como muchas otras unidades militares semanas antes habían sido encomendadas por el presidente Evo Morales a apoyar las tareas de interdicción al contrabando.
El ratón cuidando el queso. Eso también pasa con algunos oficiales del Control Operativo Aduanero (COA). Hace poco, cuando escribía para Erbol, investigué varios casos en los que oficiales policías estaban implicados en delitos de contrabando. Hasta supe que cuando un jefe del COA se refiere al paso libre de camiones de contrabando le dice a su subalterno que “ése tiene su pin”. Es decir, el dueño de la mercadería ya había pagado la coima.
Otro caso, que investiga el Ministerio Publico, se refiere a la implicación del gerente regional de El Alto, José Luis Lafuente, quien, a pesar sido sujeto de arresto domiciliario por una investigación sobre delitos aduaneros , consiguió volver a sus oficinas. Otras 17 personas están implicadas en el caso, la mayoría de ellas funcionarios de la oficina de interdicción al contrabando.
Cuestionada sobre la actuación de algunos funcionarios y policías implicados en ilícitos, Ardaya dijo que “son personas” y no hay corrupción en la Aduana Nacional hasta “donde pueda controlarla”.
En otra entrevista, el comandante del COA, Osvaldo Cabrera, coincidió con la Presidenta de la Aduana. “Yo no puedo meter las manos al fuego” por ninguno de los policías a su mando, “son personas humanas y tienen debilidades”, decía.
Son algunos casos, pero yo no creo que sean aislados. En el COA dicen que el “sistema” continúa, es decir, el cobro de sobornos por el paso de contrabando. Y los militares no son angelitos, sólo falta escudriñar el contrabando de combustibles al Perú, seguro que están metidos en eso, como dicen en off el COA.
Así que no nos cuenten el cuento. El contrabando pasa por las narices de la Aduana Nacional y no es difícil de detectarlo.
Columna publicada en La Razón
martes, 12 de abril de 2011
El diferendo verbal de una farsa diplomática
Rubén D. Atahuichi López
Los dichos de las últimas semanas entre distintas autoridades de Chile y Bolivia me hicieron recuerdo —lo escuché de chico— a un improperio diplomático de hace tres décadas, que fue más allá del “carajazo” de Eduardo Abaroa.
El jefe y almirante de la Armada chilena José Toribio Merino, entonces miembro de la Junta de Gobierno de Augusto Pinochet, se mandó una perla en las discusiones diplomáticas sobre la demanda marítima boliviana: “Bolivia nunca tuvo mar. Sus habitantes son auquénidos metamorfoseados que aprendieron a hablar”.
Esa vez no ha causado más que indignación entre las autoridades y el pueblo bolivianos. Para entonces, ni pensar —como ahora— en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia, ni guardar los equilibrios verbales. Las discusiones diplomáticas siguen siendo una farsa, a pesar de que ciertos analistas o ex cancilleres reclaman prudencia.
Más tarde, en enero de 2004, en la Cumbre de las Américas de Monterrey, los presidentes Carlos Mesa, de Bolivia, y Ricardo Lagos, intercambiaron más que ceños fruncidos en el foro. “Con Chile tenemos paz, pero no amistad”, arengó el boliviano. Y el chileno se enojó: “Si de diálogo se trata, ofrezco relaciones diplomáticas aquí y ahora”.
¿Relaciones diplomáticas sin mar? ‘Anda a tomarle el pelo a tu abuela’, habrá jugado en su mente Mesa.
Ahora, siete años después, ni Sebastián Piñera ni, mucho menos, Evo Morales guardan la compostura verbal. En sus formas más diplomáticas, sus declaraciones denotan, pues, otro carajazo, que han sido recurrentes desde incluso antes del 23 de marzo, cuando el Presidente de Bolivia, en un discurso muy cordial, anunció el cambio de estrategia en la demanda marítima boliviana.
En su informe del 22 de enero, Morales dijo con cierta sorna una frase alusiva al territorio del Litoral de 120.000 kilómetros cuadrados que en 1879 perdió Bolivia, a semanas de la reunión de cancilleres en La Paz: “Atacama era antes de Bolivia, esperamos recuperarlo pronto”. Al día siguiente, Piñera devolvió gentilezas: “Atacama es y va a seguir siendo chilena, con soberanía chilena, y eso nunca ha estado ni va a estar en las conversaciones con Bolivia”.
Sin embargo, el cruce verbal fue más latente desde el 23 de marzo. Piñera, en consecuencia con la política exterior de su país, decía sin desparpajo en varias ocasiones que la soberanía que demanda Bolivia no está en debate, como el Tratado de 1904, al mismo tiempo de instar al diálogo bilateral. Al otro lado, Morales planteaba soberanía y multilateralidad.
El 1 de abril, el Presidente de Chile, fue frontal: “Ellos (los bolivianos) pretenden algo que es imposible”. Y un día después, su par boliviano, en Charaña (en el mismo lugar del mítico abrazo de Pinochet y Banzer en 1975), respondió: “Que nos digan desde Chile que es imposible hablar, dialogar sobre soberanía, se equivocan. Eso se llama ignorancia, eso significa no tener sentimiento, eso significa que hay que enclaustrar a un pueblo”.
Columna publicada en La Razón
Los dichos de las últimas semanas entre distintas autoridades de Chile y Bolivia me hicieron recuerdo —lo escuché de chico— a un improperio diplomático de hace tres décadas, que fue más allá del “carajazo” de Eduardo Abaroa.
El jefe y almirante de la Armada chilena José Toribio Merino, entonces miembro de la Junta de Gobierno de Augusto Pinochet, se mandó una perla en las discusiones diplomáticas sobre la demanda marítima boliviana: “Bolivia nunca tuvo mar. Sus habitantes son auquénidos metamorfoseados que aprendieron a hablar”.
Esa vez no ha causado más que indignación entre las autoridades y el pueblo bolivianos. Para entonces, ni pensar —como ahora— en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia, ni guardar los equilibrios verbales. Las discusiones diplomáticas siguen siendo una farsa, a pesar de que ciertos analistas o ex cancilleres reclaman prudencia.
Más tarde, en enero de 2004, en la Cumbre de las Américas de Monterrey, los presidentes Carlos Mesa, de Bolivia, y Ricardo Lagos, intercambiaron más que ceños fruncidos en el foro. “Con Chile tenemos paz, pero no amistad”, arengó el boliviano. Y el chileno se enojó: “Si de diálogo se trata, ofrezco relaciones diplomáticas aquí y ahora”.
¿Relaciones diplomáticas sin mar? ‘Anda a tomarle el pelo a tu abuela’, habrá jugado en su mente Mesa.
Ahora, siete años después, ni Sebastián Piñera ni, mucho menos, Evo Morales guardan la compostura verbal. En sus formas más diplomáticas, sus declaraciones denotan, pues, otro carajazo, que han sido recurrentes desde incluso antes del 23 de marzo, cuando el Presidente de Bolivia, en un discurso muy cordial, anunció el cambio de estrategia en la demanda marítima boliviana.
En su informe del 22 de enero, Morales dijo con cierta sorna una frase alusiva al territorio del Litoral de 120.000 kilómetros cuadrados que en 1879 perdió Bolivia, a semanas de la reunión de cancilleres en La Paz: “Atacama era antes de Bolivia, esperamos recuperarlo pronto”. Al día siguiente, Piñera devolvió gentilezas: “Atacama es y va a seguir siendo chilena, con soberanía chilena, y eso nunca ha estado ni va a estar en las conversaciones con Bolivia”.
Sin embargo, el cruce verbal fue más latente desde el 23 de marzo. Piñera, en consecuencia con la política exterior de su país, decía sin desparpajo en varias ocasiones que la soberanía que demanda Bolivia no está en debate, como el Tratado de 1904, al mismo tiempo de instar al diálogo bilateral. Al otro lado, Morales planteaba soberanía y multilateralidad.
El 1 de abril, el Presidente de Chile, fue frontal: “Ellos (los bolivianos) pretenden algo que es imposible”. Y un día después, su par boliviano, en Charaña (en el mismo lugar del mítico abrazo de Pinochet y Banzer en 1975), respondió: “Que nos digan desde Chile que es imposible hablar, dialogar sobre soberanía, se equivocan. Eso se llama ignorancia, eso significa no tener sentimiento, eso significa que hay que enclaustrar a un pueblo”.
Columna publicada en La Razón
martes, 29 de marzo de 2011
Ante el mar, las miserias bolivianas
Rubén D. Atahuichi López
Columna publicada en La Razón
El país todavía masculla el giro que causó el 23 de marzo el discurso del presidente Evo Morales. Muchos dicen que fue un despropósito y otros se alegran por el paso que dio el mandatario ante las “sonrisas” en el otro lado –de Michelle Bachelet, primero, y Sebastián Piñera, después— que caracterizaron su relación con Bolivia en el último lustro.
En la lógica popular, el Jefe de Estado estuvo acertado en su anuncio de acudir a tribunales internacionales para resolver el viejo litigio con Chile. Es que –se dice— un gobierno no puede pasarse años y años, y cinco en el último tiempo, charlando y charlando con su vecino, a título de tender puentes de confianza.
Aunque lo dicho por Morales el Día del Mar sorprendió al mundo, su discurso se veía venir. Si antes fue muy cauto, y hasta se mostró amigable (el baño de popularidad en Chile y la solidaridad en la salida de los 33 mineros), en los últimos meses dio señales claras de un batacazo en las conversaciones con Chile. Claro, no lo percibimos ni con el olfato periodístico.
Primera señal. ¿A título de qué el cónsul Walker San Miguel dijo que estaba preparando su vuelta al país para marzo? No fue casual la declaración del representante nacional en Santiago, aunque el canciller David Choquehuanca entonces se haya expresado sorprendido. Lo dicho por el Cónsul anunciaba ya la creación de un ente como el ahora se conforma para la causa marítima y, consiguientemente, el tan debatido golpe de timón.
Segunda señal. El 17 de febrero, Morales expresó, aunque de manera cauta, su preocupación por la falta de una propuesta de parte de Chile, a años de la instalación de la agenda de 13 puntos, entre ellas la demanda marítima. “(…) y para el 23 de marzo voy a esperar una propuesta concreta que sea una base para debatir”, dijo.
Y el 23 de marzo, esas señales le dieron el giro a la estrategia boliviana, con los argumentos ya conocidos. Ahora, el debate es sostenido, mientras el Gobierno estructura una justificación con base en consensos sociales y políticos, y jurídicos, en los que deberían participar todos. Así, la administración de Morales incluso debería invitar a expertos en el área, ex diplomáticos y ex presidentes, sin distinción ni discriminación ni cálculos políticos.
Uno que aparentemente no se brinda ni se excusa es el ex presidente Carlos Mesa, que al día siguiente del anuncio presidencial aplaudió la decisión gubernamental sobre la disposición del diferendo a “un escenario multilateral”. Juan Del Granado, ahora opositor al Gobierno, también expresó su respaldo a la propuesta, de la que dijo que “es correcta”.
Sin embargo, quienes actuaron de manera opuesta, y sin propuestas alternativas, fueron los de la oposición en la Asamblea Legislativa, que le primero que hicieron es plantear una interpelación contra el Canciller.
Así, otra vez más se desnudan las miserias bolivianas que primaron siempre en el conflicto con Chile. Al contrario, al otro lado de la frontera, Piñera recibió el fin de semana un apoyo unánime en su respuesta a la posición de Bolivia.
Columna publicada en La Razón
miércoles, 9 de marzo de 2011
A manera de despedida, el “enfoque real”
Rubén D. Atahuichi López
Una sala de redacción es casi parecida a una asamblea legislativa, con la diferencia de que en la primera el bien común es su interés esencial. Quizás los legisladores tengan el mismo sentimiento, pero –con las disculpas necesarias— son nomás lo que son, fichas en el afán de consumar réditos políticos en desmedro de otros.
Bueno, la idea no es hablar de los políticos, sino del papel de los periodistas en ciertas tareas y responsabilidades suyas, en este caso, en su actuación frente a lo que considero el “enfoque real”, que es la aproximación al hecho noticioso alejada de apasionamientos personales.
Todos los periodistas somos un sujeto político, con tendencias personales marcadas por cierto pensamiento político o corriente ideológica, o por su forma de entender el estado de las cosas. Nuestra percepción de los hechos tiene sustento en eso. Así, por ejemplo, unos consideraron a los hechos de octubre de 2003 como motivados por la “Bolivia bloqueadora” y otros, como una “protesta del pueblo contra el régimen de Gonzalo Sánchez de Lozada”.
Ahora, puede ser muy discutible esa percepción del enfoque real, conceptualmente hablando. Pero –pienso— implica una idea más cercana al tratamiento responsable de la información, que contrarresta al discurso de la objetividad (no, pues, es difícil llegar a eso, aunque es lo ideal) y se emparenta con el equilibrio.
Tratándose nuestro servicio de un bien social, creo firmemente que a la hora de escribir, tomar el micrófono o disponerse ante una pantalla de televisión, el periodismo debería apuntar a ese enfoque real, a contar los hechos tal como son, con la responsabilidad que exige la ética profesional y las técnicas esenciales del tratamiento de la información.
Así, por ejemplo, no concibo que ciertos medios se afanen en repetir y repetir una idea equivocada en sentido de que el general retirado de la Policía Nacional René Sanabria, un supuesto narcotraficante pillado por Estados Unidos en Panamá, sea “el zar antidroga de Bolivia”. Claro, la intencionalidad es sospechosa.
No es, pues, “el zar”, un actual funcionario policial al mando de la institución que lucha contra el narcotráfico. Es general en retiro, funcionario hasta hace poco del Ministerio de Gobierno y ex director nacional de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico.
Bueno, quizás se trate de un descuido, pero –créanme, puedo pisar la manguera de “bombero” esta vez— no es así, hay cierta intencionalidad, y política, lamentable. Un “descuido” no puede ser tan sostenido y recurrente; no responde al enfoque real.
Los enfoques entre un periodista y otro, entre un medio y otro, son siempre distintos. Hay siempre una manera particular de contar los hechos. La idea es que –por ejemplo, en una sala de redacción— ese enfoque sea de sentido común, en el afán de que el público sepa los hechos como son. Comprendo, es una tarea difícil.
Los periodistas deberíamos intentar siquiera ese propósito, por consideración con nuestro público, al que le hemos arrebatado el espacio de los medios haciéndole creer que estamos plenamente a su servicio. Claro que estamos a su servicio, y mejor sin apasionamientos ni la necesidad de forzar la información por cualquier interés que no sea el que sustenta nuestra convicción profesional.
Consideré hablar de esto al recordar varias discusiones periodísticas que tuve en Página Siete, cuando fui su jefe de informaciones. Lo escribo en homenaje al palo y la zanahoria que sentí cuando dejé esa redacción, aunque también acepté la invitación de siquiera seguir escribiendo esta columna.
Agradezco la oportunidad que me dieron en este espacio (hace dos semanas me invitaron a ocuparlo cada semana) y anuncio en estas líneas que estaré en otros lados.
Columna de despedida publicada en Página Siete
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

