lunes, 28 de febrero de 2011

Evo y el punto de inflexión necesario

Rubén D. Atahuichi López
Los bolivianos nos habíamos acostumbrado a tantos dislates –en su mayoría verbales— del presidente Evo Morales, quizás sin resignarnos a perder la esperanza de que en el tiempo el hombre cambie.
Pues no cambió. Desde sus comentarios sobre las secuelas de la carne de pollo o las virtudes de la Coca-Cola en tareas del plomero, hasta el “gasolinazo”, que ha marcado un punto de inflexión necesario, que con el escrutinio del pueblo ha expuesto al mandatario y a su Gobierno a una situación política complicada.
Cuando todavía regía el incremento del precio de los combustibles, el 30 de diciembre de 2010, había escrito una columna que no fue publicada debido a la sorpresiva abrogación de la norma un día después. Decía en esa columna que Morales tenía la obligación de sustentar la “normalización de la economía” a través de la medida con una gestión pública más eficiente.
Ahora pienso lo mismo, aunque considero que el esfuerzo debería ser extremo, desde un cambio de actitud que tanto había reclamado. No fue suficiente, ni las propuestas planteadas por otros críticos y analistas de este proceso, como el colega Andrés Gómez, que la semana pasada escribió en sentido de que el proceso pide cambio.
Sin el ánimo de otorgarle razón a ciertos políticos de oposición o a algunos analistas, Morales y su administración han tenido, pues, una serie de errores, como lo admitió el vicepresidente Álvaro García Linera en relación al gasolinazo. Pero, pienso, el más grave error fue su confrontación permanente con los sectores de la empresa agropecuaria, de la que depende el 70 por ciento de la producción de alimentos en el país.
Menos mal que el Gobierno pretende dar un giro por lo menos en ese aspecto, que le ha obligado a buscar una alianza con los productores para garantizar la provisión de alimentos, comenzando por el azúcar. Sin embargo, los ímpetus no son suficientes, tendrá que empeñarse para superar un obstáculo que quizás no lo ha previsto: el respaldo popular.
En los últimos días salieron a la luz pública ciertas encuestas de opinión acerca de la popularidad del Presidente del Estado. Sin ser erudito en el tema, sinceramente no creo en los resultados, aunque admito que hay un descontento creciente en la comunidad respecto de Morales y su gestión.
El 67 por ciento de votación que el mandatario y su partido consiguieron en diciembre de 2009 ahora es sólo una estadística. Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS) ya no pueden jactarse de ese apoyo, que se ha reducido en los últimos meses debido a su gestión, su actitud todavía confrontacionista y su catarsis permanente respecto del pasado político del país.
Si bien no son tiempos electorales, el MAS debería sacudirse y entender que sus pretensiones políticas dependen del voto y la confianza de la comunidad. Y esa confianza ahora le exige una gestión más eficiente, más transparente y más complementaria con otros niveles de gobierno subnacionales. Que el neoliberalismo, que la derecha, que Estados Unidos… A seis años del mandato de Morales, esos pretextos ya no son tan creíbles.
El punto de inflexión que señaló el gasolinazo era necesario para desahuciar el tono, desnudar la soberbia, moderar el discurso y ajustar las políticas sociales y económicas de la administración gubernamental. Ese mayor empeño debería responder a las necesidades básicas, sin juegos políticos ni cálculos por un tercer mandato, que, saben Dios y la Pachamama, no sé si será posible.
Columna publicada en Página Siete

martes, 15 de febrero de 2011

Cossío, dime con quién andas y te diré quién eres


Rubén D. Atahuichi López*
¿A quién se le ocurre en la cotidianidad esconderse en la valijera de un auto? ¿Y si es para huir? ¿A alguien que quiere burlar la autoridad o a uno que pretende cuidarse de ella o los malhechores?
Al otrora gobernador de Tarija Mario Cossío se le ocurrió la idea, como sacada de una película, ayudado por sus amigos del otro lado de la frontera: un empresario rodeado de escándalos, un director de un diario que apoyó la dictadura de Alfredo Stroessner y otros dos políticos vinculados al general golpista Lino Oviedo.
Todo fue planificado desde la misma Vicepresidencia del Paraguay. Como antes en La Nación y el mensuario boliviano Día D, el senador liberal Alfredo Jaeggli no pudo guardarse el secreto (se jacta siempre de ser sincero) y contó a radio Erbol cómo Cossío dejó Bolivia y a cambio de qué.
El líder político tarijeño salió del país en la maletera del auto del empresario paraguayo Marcio Schussmüller la noche del 16 de diciembre. Horas antes, el vicepresidente Federico Franco se había preocupado por su amigo (lo conoció en 2003). Incluso, Jaeggli pretendió rescatarlo en su avión: “El vicepresidente Franco y Marcio me consultaron si yo podía ir a sacarlo de Bolivia. Entonces yo pensé tomar mi avión, entrar a Bolivia, rescatarlo a Mario (…). La idea era irme de contrabando, recogerlo y traerlo acá para su refugio”, confesó el legislador a Día D.
Franco, como Jaeggli, es allegado de Oviedo, quien ha sido responsabilizado en 1996 de un intento de golpe de Estado contra el presidente Juan Carlos Wasmosy del magnicidio del vicepresidente Luis María Argaña, casos por los que el militar fue condenado a diez años de presión. Entretanto, Schussmüller es un empresario cuestionado por una serie de actos, entre ellos el escándalo Kolping, referido al dinero de la cooperación alemana que desvió a la construcción de burdeles como “centros de capacitación”.
El cuarto en la lista de amigos de Cossío es Aldo Zucolillo, el director y dueño del diario ABC Color, que desde sus notas y editoriales impulsó la declaratoria de refugio a favor del gobernador suspendido. Sólo un dato sobre el hombre: “Éste será un gran diario al servicio de un gran Gobierno”, le dijo Zucolillo a Stroessner cuando comenzó a circular su diario.
Y si hablamos de la decisión del Consejo Nacional del Refugiado (Conare), entenderemos mejor el favor que en Paraguay le devolvieron a Cossío, quien –como contó Jaeggli— colaboró con el Partido Liberal Radical Auténtico a través del financiamiento de poleras, lapiceras y mucho más (¿Cómo entendemos que el ex diputado del MNR haya declarado en la Contraloría sólo 60.000 dólares si hasta es capaz de financiar campañas políticas externas? La diputada Aida Robles contó al periodista de Día D Rafael Sagárnaga que en el Conare había una decisión previa, que omitió adrede una consideración jurídica del caso del gobernador fugitivo. Y Jaeggli lo admitió, dijo que esa resolución fue más política que técnica.
Claro, y en Bolivia ciertos políticos pretenden hacernos creer que lo que le pasó a Cossío fue un acto democrático en contra de la dictadura de Evo Morales, como ya se animó a calificar Zucolillo en su periódico o Jaeggli.
 Cossío tiene derecho a arrimarse a cualquier árbol. Lo que no nos contaron antes los medios en el país es que el hombre fue rescatado y acogido por políticos y empresarios que no tienen la altura moral de nombrar la democracia. Así, el ex gobernador –ya hay que decirlo así— responde a esa misma lógica ultraderechista que pregona democracia pero medra de ella.
*periodista
Publicado en Erbol

jueves, 10 de febrero de 2011

El ABC de la ultraderecha y políticos vinculados a la dictadura de Paraguay acogen a Cossío

Aunque en Bolivia la oposición de Evo Morales hizo propaganda con la decisión “democrática” para el refugio de Mario Cossío en Paraguay, políticos otrora aliados del ex dictador Alfredo Stroessner y empresarios de dudosa reputación rescataron y luego acogieron al gobernador suspendido de Tarija.
Esas conclusiones se derivan de una investigación realizada por el periódico mensual Día D y el periodista Rafael Sagárnaga, que relata desde cómo el político tarijeño abandonó el país hasta cómo consiguió su condición de refugiado en Asunción, a pesar de las 27 causas que las autoridades judiciales le siguen en Bolivia.
La trama tiene su origen hace varios años, desde tiempos en que Cossío fue presidente de la Cámara de Diputados en Bolivia, en el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, cargo desde el que se vinculó con políticos de ultraderecha de Paraguay, entre ellos el actual vicepresidente Federico Franco, entonces gobernador (2003-2008) del Departamento Central de Paraguay y miembro de la Zona de Integración del Centro Oeste Sudamericano (Zicosur).
Cuando Cossío huyó de Tarija, el día en que el Consejo Departamental le suspendió del puesto, quien se preocupó por él fue Franco, como el empresario Marcio Schussmüller, en cuya casa –ubicada en barrio residencial de Asunción— vive ahora el suspendido gobernador.
“El vicepresidente Franco y Marcio me consultaron si yo podía ir a sacarlo de Bolivia. Entonces yo pensé tomar mi avión, entrar a Bolivia, rescatarlo a Mario (…). La idea era irme de contrabando, recogerlo y traerlo acá para su refugio”, confesó a Día D el senador liberal Alfredo Jaeggli, el tercer colaborador de la ex autoridad.
Cossío no llegó el día de la suspensión a su casa, el 16 de diciembre de 2010. Desapareció inmediatamente después de abandonar la huelga que en defensa de su cargo sostenía con sus secretarios y otras autoridades departamentales. El relato de Día D dice que salió por la parte trasera de la Gobernación, apareció en los predios del Coliseo Cerrado de Tarija y tomó dirección a la “salida al Chaco”, hasta Bermejo.
De allí cruzó a Aguas Blancas (Argentina) acompañado de “dos uniformados de alto grado, uno de la Policía y el otro, militar del Ejército. También estaba por ahí un conocido diplomático argentino”, cita el periódico. A partir del lugar viajó a Paraguay en la “valijera” del auto de Schussmüller, contó Jaeggli.
En Asunción recibió el respaldo pleno del director del diario ABC, el de mayor tirada de Paraguay (32.000 ejemplares diarios). Aldo Zucolillo –que hace poco calificó de dictador a Evo Morales—  impulsó desde los editoriales y las notas de página el refugio de Cossío, al que le dio amplia cobertura. Día D dice que el caso del boliviano ocupó en el mes que duró el trámite de refugio 26 noticias principales de tapa.
La deferencia con Cossío tiene mucho sentido. Jaeggli conoció a éste en 2008, cuando fue veedor del referéndum por el estatuto autonómico de Tarija, y reconoció que su amigo ayudó a su partido, el Liberal Radical Auténtico (PLRA), en las elecciones (en abril de 2008 hubo comicios presidenciales y noviembre de 2010, municipales). Mario “nos ayudó con camisetas, con lapiceras, financiando algunas cuestiones… Es normal, entre políticos nos ayudamos”, comentó sin desparpajo el senador.
Entre los antecedentes de Jaeggli  se encuentran su abierta oposición  a la Alianza  Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), que integran Bolivia, Ecuador, Venezuela, Cuba y Nicaragua. Además, en su país fue duramente cuestionado por ser defensor fervoroso del uso de transgénicos en la agricultura, la exoneración de impuestos a la importación privada de aviones o la idea de retirar de las calles  a niños que se ganan la vida haciendo piruetas al paso de los vehículos. Día D recuerda que en 2004 el legislador pretendió facilitar el retorno de Lino Oviedo, un general golpista afincado en Brasil.
A Marcio Schussmüller  se le conoce por ser “capaz de meterse en cualquier negocio”. En esa condición estuvo relacionado con importantes empresarios bolivianos en las ferias de Exposur, en Santa Cruz. También tuvo vínculos con Oviedo y siempre recuerda que fue “condecorado por el general Banzer” en 1997.
Fue develado por la revista alemana Spiegel, el 11 de agosto de 2010, como quien desvió fondos de la cooperación alemana destinados al proyecto Kolping. Dice que construyó burdeles que funcionaban como “centros de capacitación”, en ciudad General Oviedo. El diario ABC se hizo eco de la noticia, aunque nunca se refirió al hombre.
De entre todos, Zucolillo marca diferencia. El diario ABC recibió apoyo del dictador Stroessner. En agradecimiento, el director del diario le dedicó una frase célebre: “Éste será un gran diario, al servicio de un gran Gobierno”.
“La familia Zucolillo era parte del entorno de Stroessner. Su principal vínculo, Conrado Pappalardo, el cuñado, era ceremonial de Estado del dictador. En 1974 el hijo de Antonio ‘Tuco’ Zucolillo, Hugo Fernando, enlazó con la hija del dictador, María Olivia. Según documentos encontrados en los archivo del terror, Julio César Zucolillo, el otro hermano, era pyrague. Antonio Zucolillo fue designado embajador de Stroessner en Londres en 1980”, dice otra investigación periodística.
También fue socio del almirante argentino Emilio Massera (Massera & Asociados), célebre en la dictadura de Rafael Videla. Cuando en 1977 Massera visitó Asunción, el editorial de ABC lo llamó “ilustre visitante”, recuerda Día D.
Zucolillo presionó desde ABC por el refugio de Cossío. En la Comisión Nacional del Refugiado (Conare) había una mayoría ultraderechista, aunque la diputada Aida Robles, como miembro del ente, planteó su objeción a pesar de ser encomendada desde el Congreso Nacional para votar a favor del suspendido gobernador. Ella dijo a Día D que en el Conare ya había una decisión sin ninguna consideración previa del caso. “Ante esa decisión, yo solicité a los compañeros que no se tomara una decisión muy rápida, sin tener los conocimientos acabados de la situación”.
El día antes de la resolución de Conare, Día D habló con Jaeggli, quien, al considerar que ya existía una posición a favor del refugio, adelantó la renuncia de Robles, como ocurrió luego. “Todos los actos de los políticos, así como de los empresarios, son interesados. Los empresarios para ganar dinero y nosotros para ganar votos”, justificó el senador.
El 18 de enero de 2010, Cossío fue beneficiado con el refugio. “La Conare tomó la decisión por unanimidad, por fundados temores de persecución política" en Bolivia, expresó la senadora del oficialista Partido Liberal Zulma Gómez, quien, según cuenta Rafael Sagárnaga, casi le tira los papeles a la ministra de Transparencia de Bolivia, Nardi Suxo, cuando ésta quiso argumentar las razones por las que Paraguay no debía aceptar la solicitud del suspendido gobernador.
Cossío fue suspendido el 16 de diciembre de 2010 por la alianza de la Asamblea Legislativa conformada por el Movimiento Al Socialismo (MAS) y Poder Autonómico Nacional (PAN), que luego nombró en su lugar al asambleísta del MAS Lino Condori. El entonces gobernador fue implicado en el caso Imbolsur, de compra irregular de cemento asfáltico.
Nota del autor publicada en Erbol digital

martes, 14 de diciembre de 2010

El ser periodista

Rubén D. Atahuichi López*
Hace unas semanas, en el calor de las protestas contra la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación, un colega, del que a estas alturas dudo de su convicción, escribió en su muro del Facebook esta frase: “Para que sus hijos no sólo vean Bolivia TV o lean Cambio (los medios progubernamentales, vamos a las firmas”. En mi indignación por esa campaña tan politizada, en vez de algo que podría haber sido sano, le respondí diciendo que mis hijos son bastante inteligentes para sopesar entre los medios de cualquiera de los frentes, que no necesitan una mentira para eventualmente cambiar de opinión.
Hace unos días, otro colega, Édgar Toro Lanza, se encargó de develar ciertos datos que me dejaron frío al leerlos: Humberto Vacaflor había sido apadrinado en 2009 por el susodicho a sugerencia de un tercero para el Premio Nacional de Periodismo. No es que entre colegas nos pisemos la manguera, lo cierto es que esa vez la propuesta fue muy cuestionada, a tal punto de crear divergencias en la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), que al final dejó acéfala la distinción.
Seguro que muchos premiados de antes tuvieron muchos méritos para tan importante presea, como Huáscar Cajías (1994), Ana María Romero de Campero (1998) o Antonio Miranda (2005), por citar unos pocos. Algunos otros, no tanto, y otros, por sus años encima, como el último, Augusto Dávila. Claro, quizás buena parte por su gran trayectoria o trabajos descollantes en las redacciones, como muchos de las nuevas generaciones.
Uno piensa si hasta los pasados 70 años podrá hacer méritos para lograr siquiera la nominación. Y encima que, dentro de unas décadas, seremos muchos con esa edad, en cada generación, cada año... y si alcanzaremos. Pero lo de Vacaflor me hace pensar que no llegaré a ese privilegio, aunque, lo confieso, tampoco me lo propuse y ni me puse a cazar premios de manera oficiosa. O, al final, ni me corresponde.
Sin embargo, pienso que el periodista no busca padrinos ni premios. Su mayor premio debería ser la fe que la gente le tiene, por lo que es y por lo que hace en el ejercicio del “mejor oficio del mundo”, como diría Gabriel García Márquez. Uno es periodista por convicción, oportunidad o accidente.
¿Qué quiero decir? La sola responsabilidad que exige –y el privilegio que ofrece— el ejercicio del periodismo nos obliga a seguir con esa convicción, aprovechar por el bien común esa oportunidad y redimirnos con personalidad de ese accidente. Y, aunque parezca lírico decirlo, la única vía es hacer el mejor de nuestros esfuerzos para el ejercicio responsable del periodismo, como lo haría un plomero con una buena reparación de una tubería dañada, un trabajo diligente que satisfaga a su cliente, que lo califique ante sus pares o le reporte recompensas personales por una tarea honesta.
Si por azar o vocación estamos metidos en este oficio, nuestro trabajo tiene su destinatario insustituible de la información: el público (la ciudadanía o la sociedad). Así, ya no somos sólo nosotros buscando nuestros propósitos particulares; nos debemos a nuestros lectores, televidentes u oyentes, y para ellos no sólo nuestros esfuerzos, sino nuestros valores. “Al cumplir con nuestro oficio, no somos sólo hombres y mujeres en busca de escritos, sino también una especie de misioneros, traductores y mensajeros. No traducimos de un texto a otro, sino de una cultura a otra, para que se comprendan mejor y estén más cerca”, decía el gran Ryszard Kapuscinski.
Ése debería ser nuestro mayor premio.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Un movimiento sin propuestas

Rubén D. Atahuichi López
El de los periodistas y medios se ha convertido en un movimiento sin propuestas, con la sola idea de defender el espíritu, ahora descontextualizado, de la Ley de Imprenta de 1925. Ahora en el declive del debate de la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación, raya en la misma lógica de la oposición, que en dos periodos de Gobierno de Evo Morales no ha hecho casi nada por incidir con su idea de país en proceso de cambios (¿?).
Quizás suene a hereje, pero veo que la ley es inaplicable (eso explica los intentos fallidos de juicios de imprenta). La sola omisión del concepto real de libertad de expresión en la ley (el primer artículo dice: “todo hombre  tiene el derecho a publicar sus pensamientos por la prensa […]) o la conformación y las funciones del Tribunal de Imprenta descritas en 48 de los 71 artículos que tiene la norma plantean una necesidad urgente de reflexión íntima.
Sin embargo, mientras no haya intenciones ni acciones por desmitificar la ley, el acoso político sobre el oficio va a ser permanente, con el riesgo de que el Estado regule su trabajo sin la incidencia directa de los actores reales, como pasa ahora con la reglamentación de la Ley 045.
Todavía lamento que ciertos liderazgos hayan optado por marginarse de este proceso, encomendado ahora a un grupo de colegas, al margen de los gremios pero con una apertura rescatable, y movimiento sociales. Si bien de los debates puede resultar un documento necesario, la inacción institucional coloca al gremio en eso que la democracia no quisiera: medios y periodistas haciendo política dura en desmedro del interés común.
Y así pasarán otras leyes, como la de Medios, de la que se pretende –aunque el Gobierno lo negó— sea la sustituta de la Ley de Imprenta. Entonces periodistas y medios también estarán lamentando una iniciativa ajena, del Estado, a partir de sus poderes políticos, el Gobierno o la Asamblea Legislativa Plurinacional, no siempre afines al espíritu de la libertad de expresión, comunicación e información.
Claro, le corresponde también a la sociedad tener incidencia en la construcción de cualquier norma referida al oficio periodístico, al amparo de los artículos 106 y 107 de la Constitución Política del Estado. Pero sin la participación de periodistas y medios en ese propósito, la cosa se hace muy riesgosa.
Durante la polémica que ambientó la aprobación de la Ley contra el Racismo, las instituciones de periodistas y medios sólo se limitaron a proponer la eliminación de los artículos 16 y 23, sin plantear ninguna otra alternativa seria, aunque –seguro— no había margen de acción por la hegemonía política de los órganos Ejecutivo y Legislativo, que al final consumaron esos preceptos. Cundió una vez más una reacción casi fundamentalista respecto de la Ley de Imprenta.
¿Tan intocable es la Ley de Imprenta? Hay que plantear un ejercicio de reflexión más allá de una simple inferencia que se puede forzar del contenido de la norma, en la que para referirnos a la “libertad de expresión” hay que interpretar el “derecho de publicar pensamientos por la prensa” o en el caso de los “impresos” suponer que se trata de la radio, la televisión la Internet o las redes sociales. O cuando se hable de racismo, encontrar en la ley los artículos 13 y 27, que se refieren a las injurias como delitos y su sanción penal (a través de un juicio ordinario), respectivamente.
Resta mucha reflexión, marginada de actuaciones manipuladas políticamente como la que rodea a la polémica sobre ley antirracista. Quizás esta reacción, despojada de esos intereses políticos y económicos, puede ser el punto de partida para que el periodismo plantee propuestas inherentes a su oficio.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Muérdase la lengua, Presidente

Rubén D. Atahuichi López*
Me acuerdo de la vez que hablamos en el despacho del Ministro de la Presidencia, cuando una mañana me hizo llamar al Palacio de Gobierno para una conversación en la que en breves minutos abordamos una serie de temas. Esa vez, luego de agradecerle la invitación a la charla, le dije que usted no tenía “derecho” a equivocarse y que ante cualquier desliz verbal o político iba a ser comidilla de mis colegas y los medios.
De ese tiempo (septiembre de 2007) a éste han pasado muchas cosas. Y, claro, ha sido comidilla permanente de los medios de información. Hace poco, fue noticia bomba el rodillazo contra su contrincante en el partido que jugó ante el equipo del alcalde de La Paz, Luis Revilla. Viera usted, hay imágenes del incidente en miles de páginas de Internet, hasta le han culpado de haberle privado de herederos al jugador que minutos antes le había dado un planchazo. Incluso hay un jueguito colgado en Internet con un dibujo tan chueco de usted.
¿Se da cuenta? Todo lo que dice y hace es “noticia”, mucho más, y en gran proporción, lo malo que hace. Sus disculpas del jueves 7 de septiembre no sirvieron para los titulares, sino su confesión de haber sido víctima de una “trampa”.  Es que no sirve para muchos medios algo bueno que haga usted (que debe haber hecho); siempre hay razones para descalificar sus propuestas políticas.
Claro, muchos medios nunca fueron de su tendencia ideológica ni serán sus aliados políticos, como lo fueron en anteriores gobiernos. Pensándolo bien, ni tendrían que serlo de usted, por ética.
Le cuento que hace poco tuve una discusión con un colega acerca de la importancia de su vigencia en las tapas de los periódicos (ese lunes el jefe de turno había “destacado” tres titulares de nueve en alusión suya o de su partido). Su preocupación era que “en los titulares había muchos `Evo’”, que retruqué diciendo: “Mal o bien, el Presidente es el referente para la información, que mucho de lo que hace o habla es noticia”. Me topé con una pildorita que rozaba con la censura: “Es que por eso el banco (omito el nombre por razones obvias) suspendió publicidad en nuestro medio”.
A muchos periodistas y muchos medios les es difícil informar sobre lo bueno que hace usted, pero les es más fácil hacerlo con lo malo de usted o de su Gobierno (eso recordé también al colega aquél). Lo decía por sensatez periodística.
Y así. Ahora que rige la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación la cosa se ha complicado. Si bien los ímpetus del gremio por desahuciar los artículos 16 y 23 han amainado, y sin mucho respaldo popular, todavía es el comienzo de lo que pretende su Gobierno con la norma, aunque –como periodista—dudo un poco de su afán benigno con la ley, como dudo de cierto trabajo periodístico… Por algo tiene usted el poder.
Comencemos por usted, Presidente. Más bien que al promulgar la ley no ha dicho las sandeces que suele gastarse en estas ocasiones, aunque por ahí se le escapó algunos adjetivos típicos de usted.
Es que percibí –como muchos bolivianos— que usted no ha sido tan conciliador ni en su primer Gobierno ni en éste que comienza. A ver, recuerde cuántas veces se mandó ajos y pimientas contra Rubén Costas, Branko Marinkovic, Jorge Quiroga, otros opositores y bolivianos. Claro, no son angelitos éstos, pero tolérelos, estamos en democracia.
Con ley en vigencia, tiene que comenzar a cambiar; le va a hacer bien a usted como al país. Claro, como político en el poder, detractores siempre tendrá, y desde los medios; así es la democracia.
En otra, cuando quiera referirse a ellos, no lo haga como antes, muérdase la lengua. Es que puede incurrir también en los delitos de la ley.
Comencemos con usted como ejemplo.
*Periodista

lunes, 1 de noviembre de 2010

A dejarse de hue… de huelgas, vamos a la propuesta

Rubén D. Atahuichi López*
El 9 de octubre, el músico Óscar García escogió de título para su columna Contante y sonante, en Página Siete, una frase de la canción Ojalá de Silvio Rodríguez: La palabra precisa, la sonrisa perfecta.  Se trataba de unos garabatos de espacios vacíos con exactamente 28 palabras (algunos artículos), 37 puntos aparte y final, 45 comas y un par de comillas. Todo eso en su afán de protestar contra la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación.
En el intento de explicar esa columna vacía, la nota de redacción del diario decía: “Nuestro colaborador Óscar García ha enviado su texto con espacios en blanco para estar a tono con la coyuntura actual”.
En mi ingenuidad, calculé que por lo menos 580 palabras de García –de las de más de 600 que entran en una columna de aproximadamente 3.700 caracteres con espacios—han debido ser racistas y discriminatorias. Claro que así muchos columnistas, periodistas o medios tienen razón en objetar los artículos 16 y 23 de la nueva ley, aunque también no todos ellos dicen, al menos, esa cantidad de disparates.
El 8 de octubre, cuando se promulgó la ley, la red Unitel le puso esos soniditos para ocultar palabras picantes a cada adjetivo que sus fuentes expresaban en las notas de su noticiero, palabras no necesariamente racistas ni discriminatorias. Es más, en sus entrevistas, se adelantaban –y cortaban— a sus entrevistados para pedirles que no digan lo que estaban por decir.
En su edición digital, el diario Los Tiempos optó por suspender “hasta nuevo aviso” los comentarios que usualmente secundaban a las notas periodísticas. La Prensa, de la misma red, también hizo lo mismo: “Por las implicaciones que conlleva el artículo 16 de la Ley contra el Racismo nos vemos obligados a suspender los comentarios, con la finalidad de evitar sanciones”.
Es más. El periódico paceño El Diario abrió su edición del 8 de octubre con un espectacular titular a tapa plena: “Bolivia pierde su democracia”.
También, una buena parte de los periódicos, afiliados a la patronal Asociación Nacional de la Prensa (ANP), ese día circularon con una tapa falsa (un pliego en blanco con la inscripción “No hay democracia sin libertad de expresión”) encima de la edición corriente.
A eso se sumaron las declaraciones de dirigentes del gremio en sentido de que con la ley ya no hay libertad de expresión. Así, sustentaron una huelga que claudicó a los 14 días (17 de octubre), cuando el cardenal Julio Terrazas (ya se extrañaban sus actuaciones políticas) les pidió: "Los queremos llenos de vida para que sigan sembrando vida y esperanza en nuestro ambiente".
Y una faena diaria por sumar un millón de firmas para una iniciativa ciudadana contra los artículos en cuestión que también carece de respaldo real, quizás no por la poca fuerza y convicción del gremio, sino por la indiferencia de buena parte de la ciudadanía, a la que la muestran como si de veras se quedara amordazada. Pero aquélla no lo cree así, es indiferente y vive su cotidianidad como antes de la ley.
No nos engañemos. La democracia está como estuvo antes, la gente no cree que perdió su libertad de expresión, los periodistas siguen diciendo lo de siempre y los medios siguen vendiendo información, con la diferencia de que algunos han ocupado el espacio político que la oposición al Gobierno no pudo sostenerlo.
Éste es un falso debate. El gremio tiene la posibilidad de contribuir a la reglamentación de la ley, de redimirse ante la sociedad y evitar una división peligrosa, que en el futuro puede arriesgar la mítica Ley de Imprenta, que, dicho sea de paso, también requiere ser remozada desde nuestra propuesta, antes de que nos madruguen.
A dejarse de huelgas falsas. Diálogo, propuesta y verdad, pues, colegas…
*Periodista